Lista de artículos con la etiqueta ‘vacunas’

Edad para hacer pruebas de alergias

Publicado el 15 de Septiembre del 2010 en Consultas

Consulta: Hola, quiero saber a partir de qué edad se pueden hacer pruebas fiables de alergias. Mi hijo tiene 5 meses y desde los 4 meses presenta cuadros de congestión nasal, comezón en nariz y ojos, secreción abundante por ojos, tos que se volvió crónica en un periodo de tiempo, lo cual me indica que puede ser alergia pero quiero estar segura, para ya no darle tanto medicamento y poderle aplicar una vacuna para inmunizarlo. Gracias.

Respuesta:

La prueba principal de la alergia son las pruebas cutáneas, y, aunque se pueden hacer en el lactante como su hijo, son más fiables a partir de los dos años de edad.

Por otra parte, el tratamiento con la vacuna antialérgica o inmunoterapia consiste en poner de forma periódica inyecciones con pequeñas cantidades de la sustancia que produce la alergia, aumentando de forma progresiva la concentración con el fin de que se vaya desarrollando cierta tolerancia a esa sustancia. Si se obtiene buena respuesta a este tratamiento se mantiene bastante tiempo, entre 3 y 5 años. La edad para iniciar dicho tratamiento, en caso de necesitarse, suele ser a partir de los 5 años de edad, principalmente porque no siempre es fácil llegar a saber a qué son alérgicos los niños menores de esa edad y por la dificultad de cooperación del niño con este tipo de tratamiento.

La valoración de la posibilidad de que su hijo tenga alergia deberá hacerla su pediatra en base a una historia detallada y exploración física, y la elección de los distintos tratamientos dependerá de las características particulares de su hijo.

Recuerda: la información que aparece en esta respuesta puede servir de guía o consejo, pero en ningún caso sustituye la visita y las recomendaciones de su médico, que es quien mejor conoce la enfermedad y las circunstancias particulares del paciente.

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¿Cómo evitar el contagio de la gripe?

Publicado el 11 de Julio del 2010 en Preguntas Frecuentes

No existe ninguna forma garantizada de impedir el contagio de la gripe, ni siquiera la vacuna. Evitar las aglomeraciones de gente puede ayudar, pero a menudo es imposible mantener a los niños pequeños encerrados sin salir.

Estas son algunas normas que pueden impedir que la gripe se propague:

  • Lavarse bien las manos con frecuencia.
  • No recoger pañuelos de papel usados.
  • No compartir tazas, cubiertos, platos y otros utensilios usados para comer.
  • Cubrirse la boca y la nariz con un pañuelo cuando se estornude o se tosa.

Referencia:

[1] Gripe. KidsHealth Organization 2009 January 1. Available from: URL: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/infecciones/flu_esp.html

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¿Qué personas tienen mayor riesgo en caso de sufrir gripe?

Publicado el 11 de Julio del 2010 en Preguntas Frecuentes

Los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades suelen recomendar dar prioridad a ciertos grupos de riesgo cuando las existencias de vacunas para la gripe están limitadas. Dichos centros recomiendan actualmente vacunar a los siguientes grupos de mayor riesgo:

  • Todos los niños, desde los 6 meses a los 18 años.
  • Mujeres que estén embarazadas en la temporada de gripe.
  • Todas las personas que trabajen con niños pequeños menores de 6 meses.
  • Cualquier niño o adulto que padezca una enfermedad crónica, como el asma.
  • El personal de los servicios médicos que esté en contacto directo con pacientes.
  • Cuidadores de cualquiera que pertenezca a los grupos de mayor riesgo o personas que esté en contacto con ellos.

Referencia:

[1] Gripe. KidsHealth Organization 2009 January 1. Available from: URL: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/infecciones/flu_esp.html

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¿Debo vacunar a mi hijo de la gripe?

Publicado el 11 de Julio del 2010 en Preguntas Frecuentes

La mejor manera de protegerse y proteger a los demás contra la gripe o influenza es vacunándose todos los años, por ello se recomienda una vacuna anual para niños mayores de 6 meses, adolescentes y adultos.

La vacuna de la gripe sólo se debe usar en niños a partir de los 6 meses de edad, de forma anual y en niños que padezcan otras enfermedades que les hagan más propensos a sufrir complicaciones, como son el asma, la diabetes, algunas enfermedades renales, enfermedades del sistema inmunológico, etc. Están en discusión otras indicaciones, como sería el empleo sistemático de la vacuna en los pequeños que acuden a guarderías.

Habitualmente la vacuna de la gripe se administra entre septiembre y mediados de noviembre, aunque también puede darse en otras épocas del año. La vacuna reduce la posibilidad de que una persona contraiga esta enfermedad durante la temporada de gripe en hasta un 80% de los casos. Como sólo es efectiva contra un número limitado de tipos del virus de la gripe, esta  vacuna no garantiza que una persona no vaya a enfermar por gripe. Sin embargo, si una vez vacunado el niño contrae la gripe, por lo general los síntomas serán menores y más leves.

La vacuna está disponible como inyección contra la gripe o una vacuna antigripal de tipo aerosol nasal:

  1. Inyección: Consiste en una inyección, generalmente en el brazo, que contiene virus de la gripe muertos que son incapaces de provocar la enfermedad, pero que preparan al cuerpo para resistir la infección por el virus de la gripe. Cuando una persona recibe vacuna de virus muerto significa que quedará protegida contra la cepa del virus contenido en la vacuna. Es la forma de administración más habitual. Este tipo de vacuna está aprobada para su uso en personas de más de 6 meses de edad, tanto sanas como aquellas que tienen afecciones médicas crónicas (como asma, diabetes o enfermedades cardiacas). Los niños menores de 9 años que se vacunen contra la gripe mediante inyección por primera vez recibirán dos inyecciones separadas por un intervalo de un mes. El cuerpo puede tardar unas 2 semanas en desarrollar la protección contra la gripe después de haber administrado la vacuna.
  2. Aerosol nasal. La vacuna que se aplica como aerosol nasal contiene virus de la gripe que están vivos pero debilitados, por eso no es adecuada para personas que tengan su sistema inmunológico débil o para ciertos estados en los que la salud sea deficiente. Esta vacuna sólo es adecuada para personas sanas de edades comprendidas entre los 2 y los 49 años, con excepción de las mujeres embarazadas.

Las personas que se vacunaron el año pasado no están protegidas frente a la gripe de este año, porque el efecto protector “caduca” y porque los virus de la gripe cambian continuamente. Por esta razón, la vacuna de la gripe se debe actualizar cada año, para que contenga las cepas de virus más recientes.

Si se administra la vacuna antes de que la temporada de gripe esté en su máximo apogeo, el cuerpo tendrá más tiempo para desarrollar la inmunidad y protegerse de los virus. Aunque es posible vacunarse contra la gripe cuando ya esté bien entrada la estación gripal, es mejor intentar vacunarse antes. Sin embargo, incluso en el caso de que una persona no se vacune hasta el mes de enero, aún quedarán 2 o 3 meses de la temporada de gripe, de modo que la vacuna seguirá siendo útil, es decir, es aun en esa época del año una buena idea vacunarse.

Las personas que no deberían vacunarse de la gripe incluyen:

  • Bebés menores de 6 meses.
  • Cualquier persona que sea muy alérgica al huevo y/o a sus derivados (los ingredientes de la vacuna de la gripe se cultivan en huevos).
  • Cualquier persona que haya tenido alguna vez una reacción fuerte a la vacuna de la gripe.
  • Todas las personas que padezcan el síndrome de Guillain Barré, un a enfermedad médica muy poco frecuente que afecta a los sistemas inmunitario y nervioso.

Referencias:

[1] Gripe: MedlinePlus enciclopedia médica. Medline plus 2009 January 1. Available from: URL: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000080.htm
[2] CDC – Influenza Español (Flu) | Síntomas de la gripe, cómo protegerse y qué hacer si se enferma. CDC: Centros para el control y prevención de enfermedades 2009 January 1. Available from: URL: http://www.cdc.gov/flu/espanol/symptoms.htm

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Gripe

Publicado el 11 de Julio del 2010 en Temas

Qué es

Qué es

La gripe, también conocida como influenza, es una infección vírica muy contagiosa de las vías respiratorias que afecta a la nariz, la garganta y los pulmones y que está causada por el virus de la gripe. Aunque esta enfermedad afecta a ambos sexos y a cualquier grupo de edad, los niños tienden a contraerla con mayor frecuencia que los adultos. Además, esta enfermedad es más frecuente durante un período determinado del año, que suele comprender de noviembre a abril, produciéndose la mayoría de los casos entre finales de diciembre y principios de marzo [1].

Es frecuente la confusión entre resfriado y gripe, ya que ambas son enfermedades que comparten algunos síntomas y normalmente se presentan en la misma época del año. Sin embargo, las dos son diferentes porque están causadas por distintos tipos de virus, y por tanto el pronóstico y curso de ambas enfermedades son distintos. Además, los resfriados se pueden sufrir varias veces al año y la gripe, en cambio, suele aparecer sólo una vez en varios años [2].

Incidencia en los niños

Decenas de millones de personas en los Estados Unidos contraen la gripe cada año. La mayoría mejora en una o dos semanas [2].

La gripe generalmente aparece en pequeños brotes, pero cada pocos años suele producirse una epidemia. Las epidemias (cuando la enfermedad se propaga rápidamente y afecta a muchas personas de una misma zona al mismo tiempo) suelen alcanzar su máximo desarrollo 2 o 3 semanas después de la aparición de los primeros casos [1].

Causas

Causas

Los virus que causan la gripe son básicamente de tres tipos: los virus A, B y C, cada uno de los cuales varía en cuanto a la gravedad de los síntomas que producen. Se sabe que los virus de la gripe cambian su estructura para prolongar su supervivencia, por lo que es difícil para el organismo poder defenderse de las nuevos tipos que van apareciendo, ya que no han estado nunca en contacto con ellos.

Los virus de la gripe tipo A se clasifican en subtipos y se nombran según dos proteínas que tienen en su exterior y que reciben el nombre de hemaglutinina (HA) y neuraminidasa (NA). Son posibles muchas combinaciones diferentes de proteínas HA y NA. Entre otros, están circulando actualmente entre las personas en todo el mundo los virus de la gripe A H1N1, H1N2, y H3N2. El virus de la gripe A es el más grave y normalmente causa epidemias cada 2-3 años [3]. Cambia con mucha facilidad produciendo nuevas cepas y síntomas graves con fiebre alta.

El tipo B, en cambio, es menos grave y tiende a afectar a niños que no han sido expuestos antes al virus. Después de la infección por este tipo de virus se desarrolla inmunidad (es decir, el cuerpo será capaz de defenderse ante una nueva exposición) debido a que este tipo de virus cambia muy poco, de modo que el riesgo de infectarse en más de una ocasión es pequeño [3].

En climas templados, la gripe de tipo A generalmente aparece a finales del invierno y comienzos de la primavera, mientras que la gripe de tipo B puede aparecer en cualquier momento del año [2].

El tipo C es la forma más benigna del virus y produce síntomas parecidos a los de un resfriado común.

La forma más frecuente de contraer la gripe es por medio del aire en el que quedan suspendidas gotitas infectadas procedentes de la tos y los estornudos de otras personas afectadas por la gripe. Al respirar, las gotitas se inhalan y el virus de la gripe entra en contacto con el nuevo organismo. En otras ocasiones, se transmite desde las manos a la boca, la nariz o los ojos después de tocar una superficie de un objeto en la que está el virus, como el mango de un grifo o un teléfono [3]. Las personas que tienen la gripe pueden contagiarla desde el día antes de empezar a sentirse enfermas y hasta que sus síntomas desaparecen (lo que, en los adultos, generalmente ocurre en 1 semana, pero en el caso de los bebés, hasta en 2 semanas)[1].

Las personas más propensas a sufrir complicaciones por la gripe son las que tienen una edad de 65 años o más, las que tienen enfermedades crónicas (como asma, diabetes o enfermedades cardiacas), las mujeres embarazadas y los niños pequeños [4].

Síntomas

Síntomas

En el niño, los síntomas son variables, pero por lo general parece que se trata de “uno más” de los resfriados que suelen padecer durante el invierno. La gripe puede presentarse de varias formas y generalmente comienza de manera brusca. Aunque lo más habitual es que aparezca fiebre, que puede ser elevada (entre 39º y 41º C) [2];[3], suelen aparecer otros síntomas de las vías respiratorias (tos, ronquera, dolor de garganta, obstrucción nasal y moqueo, o en algunos casos ruidos al respirar, rinorrea o estornudos, etc.), del aparato digestivo (vómitos, náuseas o diarrea), dolores musculares, escalofríos, mareos, dolor de cabeza, inapetencia, sudoración, dolor de oídos o falta de energía.

En algún punto entre el segundo y el cuarto día de la enfermedad, los síntomas de “todo el cuerpo” comienzan a desaparecer y los síntomas respiratorios comienzan a aumentar. Los síntomas de la gripe (a excepción de la tos)  pueden durar hasta una o dos semanas, excepto la fiebre, que dura habitualmente 1 ó 2 días, y raramente alcanza los 5 días. La tos y el cansancio generalmente duran semanas después de que hayan desaparecido el resto de los síntomas de la enfermedad [2];[3]. Es conveniente recordar que estos síntomas no siempre son indicativos de gripe. Hay muchas otras enfermedades, entre ellas el resfriado común, que pueden manifestarse con síntomas similares.

Por lo general no es una enfermedad grave, aunque puede resultarlo especialmente en los ancianos y también en los niños más pequeños [3]. Los niños que van a guarderías son el grupo más expuesto y propenso a las complicaciones, además de otros niños que padecen enfermedades como asma, diabetes, etc.

Diagnóstico

Cómo se diagnostica

Es muy difícil distinguir los síntomas de la gripe de otras infecciones solamente teniendo en cuenta los síntomas que aparecen, por lo que la evaluación de un individuo con síntomas de gripe debe incluir un examen físico completo.

Asimismo, se pueden necesitar estudios adicionales, como análisis de sangre, hemocultivos, cultivos de esputo o radiografías de tórax en los casos en los cuales se sospecha neumonía. El método más común para diagnosticar la gripe es una prueba de detección de antígenos, que se realiza tomando muestras de secreciones de nariz y garganta, que posteriormente son enviadas al laboratorio para ser analizadas. Los resultados de estas pruebas se pueden obtener rápidamente y pueden ayudar a determinar si es apropiado realizar un tratamiento específico. Sin embargo, lo más habitual es que el diagnóstico se haga simplemente identificando los síntomas, sin necesidad de pruebas posteriores [2].

Tratamiento

Tratamientos

Al igual que otras enfermedades producidas por virus, la gripe no tiene tratamiento.

Los antibióticos no son de utilidad para tratar la gripe, salvo en el caso de alguna de sus complicaciones. Todo lo que se puede hacer es aliviar las molestias y la fiebre, prevenir en lo posible las complicaciones y cuidar al enfermo. Para aliviar las molestias, se pueden utilizar antitérmicos, que ayudan a disminuir la fiebre y el malestar, pero no es aconsejable administrar ácido acetil salicílico ni otros medicamentos que lo contengan a los niños con gripe, ya que estos medicamentos pueden favorecer la aparición de una complicación grave, llamada Síndrome de Reye [3].

Es conveniente ofrecerle líquidos con frecuencia y humedecer el ambiente con un vaporizador, así como evitar la exposición al humo del tabaco.

En la mayoría de las ocasiones, los niños con gripe estacional se recuperan sin necesidad de más tratamiento que el referido. Sin embargo, en otras ocasiones y siempre bajo supervisión médica puede ser necesario el empleo de fármacos antivirales, especialmente en aquellos niños con alto riesgo de sufrir complicaciones. El beneficio principal de los medicamentos antivirales es que pueden acortar la duración de los síntomas en aproximadamente un día, pero sólo si se inicia su administración dentro de las 48 horas posteriores al comienzo de dichos síntomas [1].

Perspectivas

Perspectivas a largo plazo

Cualquier persona a cualquier edad puede sufrir complicaciones graves de la gripe, pero los que tienen mayor riesgo de sufrirlas son, entre otros [2]:

  • Personas mayores de 50 años.
  • Niños entre 6 meses y 2 años de edad.
  • Mujeres con más de 3 meses de embarazo durante la temporada gripal.
  • Cualquier persona que viva en un centro de tratamiento a largo plazo.
  • Cualquier persona que padezca enfermedad cardíaca, pulmonar o renal crónicas, diabetes o que tenga un sistema inmunitario debilitado.

Sin embargo, para la mayoría de los individuos que por lo demás estén sanos, la gripe desaparecerá en cuestión de 7 a 10 días.

Bibliografía

[1] Gripe. KidsHealth Organization 2009 January 1. Available from: URL: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/infecciones/flu_esp.html
[2] Gripe: MedlinePlus enciclopedia médica. Medline plus 2009 January 1. Available from: URL: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000080.htm
[3] Gripe. Preguntas frecuentes. Asociación Española de Pediatria 2002 January 1. Available from: URL: http://www.aepap.org/familia/gripe.htm
[4] CDC – Influenza Español (Flu) | Síntomas de la gripe, cómo protegerse y qué hacer si se enferma. CDC: Centros para el control y prevención de enfermedades 2009 January 1. Available from: URL: http://www.cdc.gov/flu/espanol/symptoms.htm

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Alergia alimentaria

Publicado el 10 de Mayo del 2010 en Temas

Qué es

Qué es

Es una respuesta inmunitaria exagerada del cuerpo desencadenada por el consumo de ciertos alimentos que actúan como antígenos [1]. Es decir, en personas predispuestas, su sistema inmune o defensivo reacciona  de forma excesiva ante un alimento que en una persona no alérgica resultaría inocuo. Esto lo causa un anticuerpo llamado IgE (Inmunoglobulina E), que se encuentra en las personas con alergia. Este anticuerpo puede producirse aun cuando el alimento se haya comido varias veces en el pasado sin ningún problema. La alergia a los alimentos puede aparecer con más frecuencia en las personas que tienen parientes con alergias, y pueden ocurrir síntomas después de que esa persona alérgica ingiera incluso una cantidad mínima del alimento [2].

Incidencia en los niños

Las reacciones alérgicas son más frecuentes en los niños que en los adultos afectando a desde un 0,3% a un 10% de niños, según los estudios, pudiendo llegar a afectar hasta el 8% de los niños [3] y principalmente en los primeros años de vida. Durante este periodo de tiempo, las causas más frecuentes son las proteínas de la leche de vaca y el huevo, mientras que, con el paso de los años, aumentan los casos de niños con alergia a alimentos como el pescado, los frutos secos y algunas frutas [4].

Causas

Causas

Realmente no se sabe por qué alguien se hace alérgico a los alimentos. Sí se sabe que para presentar síntomas alérgicos frente a un alimento debe haber más de un contacto. La primera vez que se toma el alimento no provoca síntomas de alergia pero a partir de este primer contacto se puede ir desarrollando la alergia, y tras el segundo, el tercero, o tras otros muchos contactos, la alergia ya desarrollada es capaz de causar síntomas [5].

La Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología estima que hay ocho alimentos “responsables” de la mayoría de las alergias alimentarias infantiles: los huevos, el pescado, la leche, los cacahuetes, el marisco, la soja, los frutos secos y el trigo [6]:

  • Leche de vaca (o proteínas de la leche de vaca): En torno al 80% de las leches artificiales comercializadas se elaboran con leche de vaca. Hay que tener en cuenta que estas proteínas de la leche también pueden estar presentes de forma “oculta†en muchos alimentos que vienen ya preparados.
  • Huevos: La alergia al huevo, una de las alergias alimentarias más frecuentes en lactantes y niños pequeños, puede plantear problemas a los padres dado que los huevos se utilizan en muchos alimentos de consumo infantil y con frecuencia como ingredientes “ocultos”, dificultando su identificación. Este tipo de alergia se suele manifestar muy precozmente, pero la mayoría de los niños la superan alrededor de los 5 años de edad.
  • Pescado y marisco: las proteínas del pescado pueden provocar diversos tipos de reacciones alérgicas. Los niños no siempre la acaban superando con los años.
  • Cacahuetes y frutos secos: Los cacahuetes se encuentran entre los alergenos alimentarios que provocan reacciones más graves, y a veces desencadenan reacciones que pueden poner en peligro la vida del paciente. La mitad de las personas alérgicas a los cacahuetes también son alérgicas a los frutos secos, como las almendras y las nueces, y a menudo a las pipas de girasol y a las semillas de sésamo.
  • Soja: La alergia a la soja aparece con mayor frecuencia entre los lactantes que en los niños mayores; aproximadamente entre el 30% y el 40% de los bebés que son alérgicos a la proteína de la leche de vaca también lo son a la proteína de las leches infantiles elaboradas con soja.
  • Trigo: Las proteínas del trigo se encuentran en muchos alimentos de consumo habitual. Es importante recordar que la alergia al trigo no es lo mismo que la enfermedad celiaca (ver apartado saber más).

Sin embargo, hay que tener en cuenta dos situaciones en las que es difícil conocer qué alimento es el que está causando la reacción alérgica [5]:

  1. Alguien puede haber tomado un alimento desconocido, bien porque se encuentra oculto entre los ingredientes de alimentos ya preparados o, en el caso de los lactantes, porque parte de los alimentos que toma la madre pasan a la leche materna.
  2. La segunda situación es por la llamada reactividad cruzada. Es decir, algunos alimentos o sustancias no alimenticias pueden tener componentes comunes o muy similares por lo que puede ocurrir que el niño con alergia a un alimento tenga, además, alergia a otros alimentos con componentes similares. Por ejemplo, es muy frecuente la alergia a frutas como el melocotón, albaricoque, ciruela, cereza, etc. (todas ellas componentes del mismo grupo de frutas rosáceas). También es posible que pacientes con alergia no alimentaria puedan presentar reacciones alérgicas tras el contacto con algún alimento, siendo relativamente frecuente encontrar sujetos alérgicos al polen, que lo son también a frutas o verduras, miel o infusiones. Otros ejemplos son [6]:
    • Los casos de alergia al látex en los cuales se pueden presentar problemas con la ingestión de kiwi, castaña, aguacate y plátano.
    • los niños alérgicos a ácaros que, en ocasiones, presentan reacciones alérgicas tras la ingesta de marisco.

Síntomas

Síntomas

Los síntomas de una alergia alimentaria pueden ser únicos o abarcar una serie de ellos, y son debidos a mecanismos de defensa del cuerpo que se vuelven dañinos frente a uno mismo. Entre estos síntomas podemos ver [3];[4];[6]:

  • Alteraciones cutáneas y mucosas: Son las manifestaciones más frecuentes después de las digestivas. Pueden afectar a la mucosa oral y de la garganta en forma de picor y/o irritación local al tragar el alimento asociándose, en ocasiones, a una hinchazón labial o de lengua. En la piel pueden aparecer manchas rojas asociadas a picor (ronchas).
  • Inflamación de la mucosa nasal (rinitis).
  • Clínica respiratoria: Los casos agudos de asma bronquial o rinitis alérgica tras la ingestión de alimentos son raros y es más frecuente que estos síntomas se produzcan por inhalación de partículas que están en el aire y que proceden de alimentos como, por ejemplo, partículas de pescado o harinas de cereales (asma de los panaderos).
  • Asma.
  • Manifestaciones gastrointestinales: Pueden aparecer aisladas o asociadas a otros síntomas no digestivos. Cursan con naúseas, vómitos, dolor abdominal y/o diarrea.
  • Reacción alérgica generalizada (Anafilaxia), con síntomas en diferentes zonas del cuerpo a la vez.

Estos síntomas a veces ocurren de manera rápida y brusca poco tiempo después de tomar el alimento, y otras veces de manera más suave y prolongada, horas o días después de tomar el alimento, llegando incluso a hacerse crónicos [5].

La gravedad de los síntomas de una alergia alimentaria depende de [6]:

  • La cantidad del alimento alergénico ingerido.
  • El grado de exposición que haya tenido previamente al alimento alergénico (en cuántas ocasiones lo haya ingerido).
  • La sensibilidad que tenga al alimento.

Diagnóstico

Cómo se diagnostica

Ante una sospecha de alergia a alimentos, se debe buscar una relación de la aparición de los síntomas con la ingesta de algún alimento. Así, el diagnóstico se basa en la historia clínica, la cual debe ser detallada porque, a veces, el alimento que la causa es difícil de identificar. Un aspecto relevante es la posible relación de los síntomas con la realización de ejercicio tras la ingesta de un alimento [4]. Se debe sospechar y estudiar una posible alergia a alimentos en las siguientes situaciones [5]:

  • Si los síntomas aparecen poco tiempo después de tomar un alimento concreto.
  • Silos síntomas aparecen repetidas veces tras tomar el mismo alimento.
  • Si no se encuentra otra causa para los síntomas.
  • Si los síntomas son graves o persistentes.
  • Si los síntomas no responden bien al tratamiento habitual.

Igual que ocurre con otras alergias, la alergia alimentaria puede precisar, además, de la realización de pruebas de piel, análisis de sangre, y pruebas de provocación. Las dos primeras indican si el paciente está sensibilizado a un determinado alimento, y la de provocación si el paciente presenta síntomas tras tomar el alimento [5].

Las pruebas cutáneas (prick-test) se pueden realizar con extractos comerciales o de modo directo con el alimento fresco, haciendo una punción sobre el alimento y, después, sobre la piel. Si se reproduce una reacción urticarial en la zona probada se considerará la probabilidad de una alergia a este alimento [3].

La determinación de determinadas sustancias en sangre (IgE) se debe realizar cuando [4]:

  1. Los tests cutáneos no sean concluyentes, sobre todo cuando no coincidan con la sospecha diagnóstica realizada al conocer la historia clínica.
  2. El alimento sea irritante para la piel.
  3. Existan lesiones cutáneas como eccema que impidan la realización de las pruebas cutáneas.

Con frecuencia estos test cutáneos son positivos para alimentos que no producen síntomas. Por ello, aunque el médico dará las pautas a seguir en estos casos, en general un resultado positivo de un alimento no justifica una prohibición del mismo si éste se tolera bien.

Las pruebas de provocación deben ser realizadas siempre bajo la indicación y supervisión del médico. Se pueden realizar en el labio, aplicando una gota del extracto alergénico o del alimento en la parte externa del labio, y controlando los síntomas varios minutos después [4].

En cuanto a los alimentos que se suele investigar de forma inicial, depende de si existen sospechas concretas a determinados alimentos. Si hay una sospecha muy concreta, se estudia el alimento sospechoso y algunos que puedan estar relacionados. Si no hay sospecha concreta, se miran los más frecuentes según la edad del paciente, los síntomas que haya tenido, y el patrón cultural de alimentación [5].

Por ello es muy importante informar al médico de qué alimento se tomaron antes de la reacción y de cómo estaban preparados. Si estaba hecho en casa, se debe informar de todos los ingredientes empleados, incluso de las especias. Por ejemplo, si había tomado arroz, debe decir si además llevaba ajo, cebolla, tomate, mariscos, pescado, etc. Si el alimento estaba envasado, también ha de informar de los ingredientes, preferiblemente llevando la lista del envase. Algunos alimentos pueden causar síntomas, no por sí mismos, sino por estar contaminados con otros, o por contener parásitos, como ocurre con el Anisakis del pescado.

Tratamiento

Tratamientos

Si una persona tiene sensibilización sin síntomas, generalmente se recomienda que siga tomando el alimento con normalidad. Sin embargo, el paciente alérgico a un alimento debe evitarlo, siguiendo las indicaciones del médico respecto a posibles reacciones cruzadas, y vigilando especialmente “fuentes ocultas” del alimento (por ejemplo, vacunas con virus atenuados que han sido cultivadas en huevo o embrión de pollo).

No existe inmunoterapia (o vacunas) específicas con alimentos [4].

Sin embargo hay ocasiones en los que el alimento no se puede evitar o se ingiere de forma accidental. En estos casos se pueden necesitar tres tipos de tratamiento: el tratamiento de rescate de una reacción aguda, el tratamiento preventivo, y el tratamiento etiológico o de la causa [5]:

  1. Tratamiento de rescate: Se realiza una vez que aparecen los síntomas y depende de los síntomas concretos que aparezcan. Así, para los síntomas digestivos se recomienda tomar líquidos de rehidratación, para los síntomas de piel se suelen usar antihistamínicos, igual que para los síntomas de nariz o de ojos (siempre prescritos por un médico). Para los síntomas de asma se usan broncodilatadores. Además, para todos los síntomas se pueden usar corticoides, bien sean tomados o inyectados.
  2. Raramente se usan medicamentos como tratamiento preventivo en la alergia a alimentos. En caso de necesidad se usa el tratamiento preventivo correspondiente a los síntomas (asma, rinitis, dermatitis, etc) que provoca el alimento.
  3. El tratamiento etiológico o de la causa consiste básicamente en hacer una dieta evitando el alimento responsable y todos los productos preparados que lo lleven entre sus ingredientes. Se debe consultar la lista de ingredientes de todo producto que no prepare uno mismo personalmente. Debe avisarse a familiares, colegios, comedores y otros sitios donde vaya a comer un niño con alergia de que padece esta enfermedad.  Además se ha de tener precaución con los cubiertos, utensilios de cocina, planchas de cocinado, etc, que pueden estar en contacto primero con el alimento culpable y después ser usados para tocar la comida que toma el paciente alérgico.

Perspectivas

Perspectivas a largo plazo

La mayoría de las alergias a alimentos desaparecen con el paso del tiempo, aunque depende de la edad a la que empiezan y del alimento concreto que las causa.

Así, suelen desaparecer mejor las que empiezan cuando el niño es más pequeño, sobre todo la alergia a la leche de vaca y al huevo. Las que empiezan más tarde, cuando el niño es más mayor, tienden a permanecer más tiempo, incluso de por vida. Los alimentos que dan alergias más difíciles de desaparecer son los pescados, mariscos, frutos secos, y algunas frutas.

Bibliografía

[1] Stuart I.Henochowicz M. Alergia alimentaria. Medline Plus 2009. Available from: URL: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000817.htm
[2] Comisión de Educación Pública de la Academia Americana de Alergia AeI. Alergia a los alimentos. American Academy of Allergy,Asthma and Immunology (AAAAI) 2006. Available from: URL: http://www.aaaai.org/espanol/tips/alergias_a_los_alimentos.stm
[3] Alergias a alimentos. Tu otro médico 2010. Available from: URL: http://www.tuotromedico.com/temas/alergia_a_alimentos.htm
[4] La alergia alimentaria. La casa del alérgico 2010. Available from: URL: http://www.lacasadelalergico.com/frontend/lacasadelalergico/noticia.php?id_noticia=196&id_seccion=40
[5] Alergia a alimentos. Sociedad Española de Inmunología clínica y alergia pediátrica 2010. Available from: URL: http://www.seicap.es/alimentos_generalidades.asp
[6] Todo sobre las alergias. Kidshealth for Nemour 2010. Available from: URL: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/medicos/allergy_esp.html#

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¿Cómo se puede prevenir la neumonía?

Publicado el 20 de Abril del 2010 en Preguntas Frecuentes

Para prevenir el contagio de una neumonía se recomiendan las siguientes medidas [1];[3]:

  • Lavarse las manos frecuentemente, en especial después de sonarse la nariz, ir al baño, cambiar pañales y antes de comer o preparar alimentos.
  • Evitar la exposición al humo del tabaco.
  • Utilizar cubiertos y vajillas específicos para el niño.
  • Evitar el contacto con objetos de uso personal (pañuelos) del enfermo.
  • El tratamiento antibiótico preventivo no está justificado ante un simple cuadro catarral pues da lugar a resistencias (las bacterias del ambiente se hacen insensibles al antibiótico).

Además, existen vacunas frente algunos gérmenes que producen neumonía que pueden ayudar a prevenir la neumonía en los niños. Estas vacunas son[1];[2]:

  • Vacuna antineumocócica, reduce las posibilidades de contraer neumonía a causa de un tipo concreto de gérmen (Streptococcus pneumoniae).
  • Vacuna antigripal que previene contra la neumonía y otros problemas causados por el virus de la influenza. Esta vacuna, aunque es recomendable administrarla también a los niños sanos que tienen 6 meses a 19 años, se recomienda especialmente a los niños con enfermedades crónicas, (trastornos cardíacos o pulmonares como el asma).
  • Todos los niños suelen recibir otras vacunaciones sistemáticas contra Haemophilus influenzae y la tos ferina (pertusis) a partir de los 2 meses de edad. (La vacuna de la tos ferina o pertusis es la “p” parte de la “triple” o DPT).

Bibliografía

[1]  Neumonía. Medline plus 2009. Available from: URL: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000145.htm
[2] Pneumonía. Kids health 2008. Available from: URL: http://kidshealth.org/parent/h1n1_center/h1n1_center_esp/pneumonia_esp.html
[3] Neumonía. Asociación Española de Pediatria 2002. Available from: URL: http://www.aeped.es/infofamilia/temas/neumonia.htm

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Asma

Publicado el 19 de Abril del 2010 en Temas

Qué es

Qué es

El asma es una enfermedad inflamatoria que afecta a los bronquios de algunas personas con una sensibilidad mayor de lo normal. Como respuesta a diversas circunstancias, los bronquios se inflaman por dentro, estrechándose. También se contraen (broncoespasmo), lo que hace que se cierren aun más, unido al aumento de la producción de moco. En consecuencia, el aire no entra ni sale con la misma facilidad de los pulmones.

El asma es una enfermedad crónica, porque los bronquios permanecen inflamados gran parte del tiempo. Su forma de presentación, gravedad y evolución son variables.

Incidencia en los niños

El asma es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia y adolescencia, con una prevalencia estimada entre el 8% y el 14% según los estudios para España.

Hay pocos trabajos que citen la prevalencia de la enfermedad en lactantes y preescolares en nuestro país, esto es debido probablemente a que el término “asma del lactante†es objeto de controversia. Con él se define a los niños menores de 24 meses con tres ó más episodios de sibilantes (pitos), independientemente de su causa y que en estas edades es predominantemente de origen vírico. El asma del niño mayor es de origen alérgico hasta en el 85% de los casos. El preescolar (de los 2 a los 6 años) es considerado una etapa de transición, pues comparte características del asma del lactante y del escolar.

Causas

Causas

La causa del asma no se conoce. Sí sabemos que se desarrolla en personas genéticamente predispuestas. En esas personas la exposición repetida a diversos estímulos desencadena la liberación de las sustancias que provocan la inflamación crónica de la vía aérea.

Son múltiples los factores que pueden actuar como desencadenantes de asma (tabla 1), sin embargo, no todo asmático reacciona de igual modo a un estímulo. Cada niño asmático tiene sus propios factores precipitantes, siendo esencial su identificación para conseguir un buen control de la enfermedad.

Tabla 1 – Factores desencadenantes del asma

1. Alérgenos ambientales:

  • Ãcaros del polvo doméstico.
  • Pólenes.
  • Alérgenos animales.
  • Hongos.
  • Cucarachas.

2. Alérgenos ocupacionales:

  • Irritantes:
    • Humo de tabaco.
    • Contaminantes ambientales.
      • Infecciones virales respiratorias.
      • Ejercicio físico.
  • Otros factores:
    • Infecciones virales respiratorias.
    • Ejercicio físico.
    • Emociones (risa, llanto).
    • Cambios atmosféricos (aire frío, humedad ambiental).
    • Enfermedades concomitantes: Rinitis/sinusitis.
    • Reflujo gastroesofágico.
    • Fármacos: AINE, b-bloqueantes.
    • Alimentos y aditivos.

En líneas generales se puede decir que la influencia de estos factores es distinta dependiendo de la edad. Así, mientras en el niño menor de 2 años la causa principal de sibilancias (pitos) son las infecciones virales respiratorias, en el niño mayor son los alérgenos inhalados y en el adolescente hay que añadir factores como el tabaco, el ejercicio físico y los contaminantes ambientales.

Síntomas

Síntomas

Los síntomas que la enfermedad puede producir son:

  • Tos: seca, irritativa, de predominio nocturno a primeras horas de la mañana.
  • Ruidos en el pecho (“pitos en el pechoâ€). Es el síntoma más característico.
  • Sensación de falta de aire o dificultad para tomar y expulsar el aire.
  • Opresión o tirantez en el pecho.

A veces, sólo se presenta alguno de los síntomas, lo que puede hacer más difícil reconocer la enfermedad. Puede haber periodos de tiempo en los que la persona con asma puede estar sin síntomas, incluso sin recibir tratamiento.

Diagnóstico

Cómo se diagnostica

En los niños menores de 6 años, el diagnóstico se basa en la presencia de síntomas, en los mayores de 6 años, adolescentes y adultos, además, en los resultados de las pruebas de función pulmonar (espirometría).

Se investiga la frecuencia, intensidad y el predominio estacional de los síntomas. Hay que prestar particular atención a los que se repiten e intentar relacionarlos con posibles desencadenantes: cuándo aparecen, qué actividad está realizando, donde está, qué hay en el ambiente… También interesan los antecedentes personales (dermatitis atópica, alergia alimentaria, rinoconjuntivitis) y los antecedentes familiares que puedan estar relacionadas con el asma.

Los estudios complementarios no son la base del diagnóstico del asma. Se pueden realizar pruebas para descartar otras enfermedades como análisis de sangre, radiografía de tórax, estudio digestivo, test del sudor, entre otras.

También es importante averiguar si en su asma hay o no alergia y cuáles son los factores desencadenantes. Para ello se realiza un análisis de sangre que detecta si hay un aumento en los anticuerpos específicos  para diferentes alérgenos (ácaros, polvo, pólenes etc.) y las pruebas cutáneas, método de elección para el diagnóstico de alergia por ser muy específico, fácil de realizar y con una obtención rápida de resultados.

Tratamiento

Tratamientos

1.- Correcto control de los desencadenantes

Para ello hay que tomar algunas medidas:

  • Evitar el humo del tabaco.
  • Si tiene alergia a los ácaros intentar que el entorno del asmático esté libre de polvo (usar aspiradora o paños húmedos, fundas herméticas en colchón y almohadas, lavar ropa de cama, vestimenta y muñecos de peluche una vez a la semana).
  • Si tiene alergia al polen: en época polínica evitar ir al campo, viajar con las ventanillas cerradas en el coche, usar filtros antipolen en el coche y procurar airear la casa muy temprano para evitar que el polen entre en la casa.
  • Si tiene alergia a algún animal evitar el contacto con ellos, especialmente en lugares cerrados. Si convive con alguno, no permitir que entre en el dormitorio del asmático e intentar bañar al animal una vez por semana.
  • Si tiene asma inducido por el ejercicio procurar realizar la actividad de forma gradual, hacer un precalentamiento y tener cuidado con los cambios bruscos de temperatura.

2.- Medicamentos para el asma

Se utilizan fundamentalmente de forma inhalada para cualquier edad y gravedad ya que el medicamento llega directamente donde es necesario, actúa más rápido, a menor dosis y con menos efectos secundarios que si se toma por vía oral.

Existen dos tipos de medicamentos para el asma:

  • Broncodilatadores de acción corta o alivio rápido: terbutalina, salbutamol. Relajan los músculos que cierran los bronquios controlando la agudización de los síntomas. Sólo se toman cuando la persona nota que sus síntomas han empeorado.
  • Antiinflamatorios, preventivos o de control a largo plazo: Este tratamiento reduce la inflamación de los bronquios, ayudando a reducir el número e intensidad de las crisis. Hay que tomarlo durante largos periodos de tiempo aunque no tenga síntomas. Existen varios tipos de estos medicamentos, siendo los más eficaces los corticoides inhalados (budesonida, fluticasona, triamcinolona). También son útiles los inhibidores de los leucotrienos, que se toman por vía oral, como el montelukast.

3.- Vacunas para la alergia

Se utilizan cuando se ha demostrado que en el asma está influyendo un alérgeno de manera muy intensa, que no se puede eliminar de su ambiente y que con tratamiento no se ha conseguido el control de los síntomas. En ese caso, las vacunas pueden disminuir la gravedad de los síntomas alérgicos y las necesidades de medicación. Las vacunas se administran en un período de 3 a 5 años y se pueden administrar por vía oral o con inyecciones subcutáneas.

Perspectivas

Perspectivas a largo plazo

Actualmente el asma no se cura, por lo que se clasifica como una enfermedad crónica. Sí es posible ofrecer a las personas con asma una vida libre de síntomas, habitualmente con medicación. Si el paciente y la familia abandonan los cuidados correctos y/o la medicación, los síntomas volverán.

El asma es más frecuente que se inicie en la infancia. Si aparece o persiste por encima de los 6 años es bastante probable que se mantenga en la edad adulta. En los menores de 6 años, en quienes no se puede establecer un diagnóstico definitivo, hay una serie de factores que pueden llevar a pensar que el asma va a persistir en el tiempo: antecedente familiar directo (padre, madre) de asma, la gravedad de los síntomas, la presencia de alergia y la exposición al humo del tabaco.

Bibliografía:
[1] “Guía de salud del Proceso Asmaâ€, Consejería de Salud de la Junta de Andalucía.
[2] “Asma en el niño y adolescenteâ€, Cano Garcinuño A., Díaz Vazquez C.A., Montón Alvarez J.L

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Fiebre de inmunización o postvacunal

Publicado el 15 de Abril del 2010 en Artículos

En general, aunque el aumento de temperatura es con frecuencia catalogado como fiebre postvacunal, en realidad se trata principalmente de procesos infecciosos que coinciden con la administración de la vacuna, en lugar de ser la vacuna. Por lo que las causas infecciosas son las más frecuentes en estos tipos de episodios febriles.

Entre los efectos secundarios generales de la administración de vacunas, el más frecuente y conocido es la presentación de fiebre que puede ser muy variable en intensidad aunque lo habitual es que no sea muy elevada [1] y comience entre las primeras 24 horas de la administración de la misma y los 2 o 3 días.

Este tipo de fiebre suele ser transitoria y sin efectos a largo plazo, sin embargo en algunas ocasiones puede producir convulsiones febriles. La administración de paracetamol al poner la primera vacuna y cada 4 horas en el primer día siguiente reduce la posibilidad de aparición de este tipo de fiebre, especialmente cuando se trata de vacunas formadas por virus inactivados (por ejemplo la DTP) [2]. Además, el uso profiláctico de antitérmicos como el paracetamol antes de la vacunación, la vigilancia de la temperatura y el uso de vacunas menos reactógenas, pueden ayudar a disminuir la aparición de una convulsión febril.

VACUNA Frecuencia de aparición de fiebre
Hepatitis B 1-6%
Hib (Haemophilus Influenzae tipo b) 2-10%
Antisarampionosa/MMR Hasta 5%
Antipoliomelítica oral (OPV) Menos de 1%
Tétanos/DT Hasta 10%
DTP Hasta 50%
TABLA 1. Frecuencia de fiebre tras la administración de algunas vacunas [3]

Aunque estos episodios de fiebre postvacunal y las convulsiones que puedan derivarse producen mucha preocupación en los padres y refuerzan la relación atribuida entre vacunación y “daño cerebralâ€, es importante recordar que [2]:

  • Las convulsiones febriles afectan tan sólo a un 3%–5% de los niños menores de 5 años.
  • Los niños que sufren convulsiones febriles tras la vacunación no parecen tener más riesgo de convulsiones posteriores o alteraciones del desarrollo neurológico, y hay que recordar que en las fiebres postvacunales las convulsiones febriles son acontecimientos raros.

Bibliografía

[1] Picazo JJ, Delgado A. Las vacunas de los niños: Guía para padres. 2010.
[2] Kohl KS, Marcy SM, Blum M, Connell JM, Dagan R, Hansen J, et al. Fever after immunization: current concepts and improved future scientific understanding. Clin Infect Dis 2004 Aug 1;39(3):389-94.
[3] G. El Portal Médico para Padres de la Asociación Española de Pediatría. Asociación Española de Pediatría 2008. Available URL: http://www.aeped.es/infofamilia

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