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¿Hay diferentes tipos de asma?

Publicado el 17 de Enero del 2012 en Artículos

asma

Foto: mandylamb.com

Actualmente hay muchos niños menores de 3 años que son diagnosticados de asma. Pero, ¿tienen todos la misma enfermedad, la misma manera de enfermar? ¿La tendrán para toda la vida? ¿Es siempre el asma una enfermedad crónica?

La palabra asma viene del griego y significa “resuello, jadeo”. Por extensión, se aplica a unos síntomas respiratorios que son los roncus y las sibilancias (en lenguaje común, los llamamos “pitos”). Se acompañan de tos y dificultad respiratoria de intensidad variable, según la gravedad. Cuando un niño menor de 3 años ha tenido tos y sibilancias en 3 o más ocasiones decimos que tiene asma. Esto significa que, sea cual sea la causa que haya producido estos síntomas, diremos que el niño tiene asma y es, por lo tanto, un concepto clínico, un conjunto de síntomas, no una enfermedad en sí misma. Habitualmente, si ha aparecido en los primeros meses de vida, lo denominamos “asma del lactante”.

También hay que aclarar que el asma no es un “resfriado mal curado”; que un niño no “se vuelve asmático” porque tenga muchas bronquitis de pequeño. La mayoría de niños menores de 3 años con sibilancias, no serán asmáticos en el futuro.

El asma es una enfermedad heterogénea que se expresa de diferentes maneras. A estas maneras de expresarse, las llamamos fenotipos asmáticos. Se han propuesto tres fenotipos de niños con sibilancias. Estos tres tipos no son excluyentes entre sí y habitualmente se pueden solapar. La anamnesis (preguntas que hace el pediatra para indagar sobre los antecedentes personales, familiares, síntomas que presenta el niño, etc.) y la exploración del niño determinan una orientación clínica bastante segura antes de hacer cualquier estudio complementario:

1. Niños con sibilancias precoces transitorias: Son niños que presentan sibilancias muy pronto,  incluso antes de ir a la guardería, y muchas veces sin tener resfriado. No tienen antecedentes familiares de asma o alergia, ni dermatitis atópica (piel seca, picor y eccema). Son en su mayoría hijos de madres fumadoras durante el embarazo. Otros factores de riesgo asociados son el sexo masculino, la prematuridad, la convivencia con hermanos mayores y la asistencia a guardería. Ya tienen una función pulmonar alterada antes de presentar el primer episodio de sibilancias. Sin embargo, éstas desaparecen habitualmente a los 3 años o antes y las pruebas funcionales en la adolescencia son normales. El pronóstico de estos niños a largo plazo no parece tan bueno, puesto que tienen más tendencia a hacerse fumadores y más riesgo de presentar enfermedad pulmonar crónica por el tabaquismo que los hijos de madres no fumadoras. Representan el 60% de niños con “pitos” antes de los 3 años. La situación y el pronóstico empeoran si los padres continúan fumando.

2. Niños con sibilancias persistentes no atópicas: Representan el 20% de los niños menores de 3 años con sibilancias Estos niños presentan bronquitis con, sibilancias habitualmente desencadenadas por infecciones víricas. La primera suele ser una bronquiolitis por virus respiratorio sincitial o algún otro como el rinovirus. Después, a cada resfriado que presentan pueden tener una bronquitis. No es una regla constante, pero es muy frecuente. Habitualmente, presentan las sibilancias durante los primeros 2-3 años de vida, pero algunos siguen teniendo después de esta edad. La mayoría de niños se “curan” en la adolescencia. Antes se decía que tenían “asma intrínseca”.

asma alérgica

Foto: webmd.com

3. Niños con sibilancias persistentes atópicas: Estos niños, las presentan  por una alteración de la respuesta inmune frente a determinados alérgenos (sensibilización atópica). Son los que tienen “Asma alérgica” y representan el 20% restante. Suelen estar sensibilizados precozmente a alérgenos alimentarios (proteínas de leche de vaca, huevo, frutos secos), y otros neumo-alérgenos (alérgenos inhalados). A los 6-10 años tienen una función pulmonar disminuida (en la espirometría) y niveles altos de la inmunoglobulina IgE. Puede ser un factor de riesgo para desarrollar la enfermedad más grave y persistente en la adolescencia y también de adulto. El pronóstico es mejor en los niños con asma alérgica que manifiestan las sibilancias después de los 3 años y durante la etapa escolar.

Estos tres tipos de manifestaciones se pueden combinar, como decía antes: un niño puede tener dermatitis atópica y, a la vez, madre fumadora, o sufrir bronquiolitis en los primeros meses de vida, y así con varias circunstancias y combinaciones posibles. Todo esto dificulta la distinción del tipo de asma que sufre el niño y, por lo tanto, la adopción de medidas, tanto desde el punto de vista del diagnóstico como del tratamiento. Todavía resulta más difícil para el pediatra avanzar un pronóstico de la enfermedad.

Tampoco se dispone todavía de marcadores genéticos, pero sí que existe un consenso para determinar la probabilidad o riesgo de sufrir asma en un futuro. Así, la probabilidad más alta está relacionada con la existencia de asma en uno de los padres y con que el niño sufra dermatitis atópica. También hay que sospechar un asma alérgica en el niño con episodios repetidos de sibilancias sin resfriado, cuya madre no es fumadora. En estos casos, el pediatra puede pedir una analítica de sangre para confirmar si hay aumento de IgE, eosinofilia, o sensibilización a neumo-alérgenos o alérgenos alimentarios. En la Atención Primaria se dispone de estas técnicas que nos sirven a los pediatras para orientar el diagnóstico, pero no para confirmarlo. Lo que hacemos habitualmente es una derivación al especialista hospitalario para completar el estudio diagnóstico. Hay que tener en cuenta, que la negatividad de las pruebas no descarta la presencia de asma alérgica, sobre todo si hay antecedentes de asma en los padres y el niño tiene dermatitis atópica. Habrá que hacer un seguimiento del niño, puesto que es probable que en un futuro (entre los 6 y 10 años), se hagan positivas las pruebas y, si está indicado, existe tratamiento hiposensibilizante. Con un diagnóstico y tratamiento precoz, muchos niños asmáticos serán asintomáticos en la edad adulta. Por el contrario, la aparición precoz y la mayor frecuencia y gravedad de las crisis están relacionadas con la persistencia de asma en el adulto.

¿Y mientras tanto?

Podemos prevenir evitando factores predisponentes o desencadenantes:

- Fumar durante el embarazo.
- Exposición al tabaco y la polución.
- Bronquiolitis. No hay evidencia de que predispongan al asma alérgica si no hay predisposición genética, pero sí que aumentan la sensibilización. También está comprobado que en los niños alérgicos, las bronquitis de origen vírico son más intensas y de más duración que en los niños no atópicos. Esta “hiperactividad bronquial” persiste incluso después de haber tratado el asma y que estemos ante un niño “asintomático”. Un niño de 4 meses que tiene que ir a la guardería en noviembre, que ha manifestado dermatitis atópica los primeros meses y con antecedentes familiares de asma, es de sentido común que tiene probabilidades de sufrir bronquitis con sibilancias desde muy temprano y sería razonable tratar de atrasar unos meses la guardería.
- Antibióticos. Pueden avanzar la sensibilización y no son útiles en las crisis de asma. Los niños con bronquitis repetidas suelen estar hipertratados con antibióticos.
- Estrés materno y en el ambiente familiar.

No hay evidencia de que evitar el resto de factores disminuya la posibilidad de sufrir asma en el futuro. En los niños con dermatitis atópica, la leche parcialmente hidrolizada puede disminuir los brotes de eccema en los primeros meses, pero no influye en la evolución posterior de la alergia ni del asma. Solamente mejora la dermatitis si hay una alergia a las proteínas de la leche de vaca. Por lo tanto, no hay que retirar determinados alimentos ni de la madre ni del niño, ni evitar los posibles alérgenos. Incluso se ha demostrado un cierto efecto protector en caso de tener mascotas en casa antes de nacer el niño. Sí que hay una mejora si se evitan durante el tratamiento, una vez desencadenado el asma y demostrada la sensibilización al alérgeno.

Frutas y verduras

Foto: Stefano Chiarelli (vía Flickr)

Se habla mucho del beneficio que supone añadir a la leche prebióticos y probióticos. Parece ser que mejoran la dermatitis atópica. Actualmente se está estudiando la influencia de la dieta mediterránea en el desarrollo del asma, rinitis alérgica y dermatitis atópica. No hay resultados concluyentes. Sí que se piensa que es debido a la presencia de alimentos con alto contenido en antioxidantes y a la presencia de los ácidos grasos de cadena larga y los omega 3 y 6 en algunos alimentos de la dieta mediterránea (tomates, uvas, nueces, manzanas, algunas verduras).

Tratamiento preventivo:
En caso de que se ponga un tratamiento, es necesario que sea el mínimo posible para controlar los síntomas y no producir efectos secundarios.

Si el niño sufre menos de 4 – 5 episodios leves al año, no hay que poner tratamiento preventivo. Solamente se tratan las crisis.

En niños menores de 4 años, está muy discutida la utilidad de los corticoides inhalados versus la de los antileucotrienos para prevenir los ataques de asma. Según los estudios que se revisen los resultados son diferentes. Es posible que influyan intereses económicos por parte de la administración y por parte de los laboratorios. Lo que está claro es que ninguno de ellos modifican la evolución de la enfermedad. Solamente disminuyen las bronquitis de repetición. Puede ser que las sibilancias de repetición inducidas por virus sean más agradecidas a los antileucotrienos. La mayor parte de guías clínicas recomiendan en primer lugar el uso de corticoides inhalados.

La evidencia más positiva:

El asma es una de las enfermedades más estudiadas. Su diagnóstico y tratamiento están tan consensuados y son tan universales que cualquier pediatra está al día de la mayoría de avances en este tema. Seguro que sabrá orientar el caso de cada niño y adoptar las medidas adecuadas.

Tratamiento Asma

Foto: webmd.com

Aunque las bronquitis, las sibilancias, los tratamientos con cámaras de inhalación, los corticoides orales o inhalados, las idas y venidas a urgencias asusten, preocupen y angustien a los padres, es muy probable que la mayoría de los niños mejoren después de los 3 años. Para el resto, hay tratamiento.

La dieta mediterránea, por su variedad, equilibrio y riqueza en antioxidantes, mucha vida al aire libre, lejos de la contaminación y sin tabaco alrededor, son medios de prevención al alcance de todos.

Bibliografía:

1. Alba Moreno F., Buñuel Alvarez C., Fos Escrivà E., Moreno Galdó A., Oms Arias M., Puig Congost M., Ridao Redondo M., Sanz Borrell L. Asma Infantil [En linia] Barcelona: Institut Català de la Salut, 2008. Guies de pràctica clínica i material docent, núm. 13 [URL disponible en: http://www.gencat.net/ics/professionals/guies/asma_infantil.htm]

2. Perdikidi Olivieri L. Metaanálisis de la evidencia a favor de la fórmula parcialmente hidrolizada, con un 100% de seroproteínas, para la prevención de enfermedades alérgicas. Evid Pediatr. 2011;7:20. Traducción autorizada de: Centre for Reviews and Dissemination (CRD). Meta-analysis of the evidence for a partially hydrolyzed 100% whey formula for the prevention of allergic diseases. Database of Abstracts of Review of Effects web site (DARE) [en línea] [fecha de actualización: 2011; fecha de consulta: 2011]. Disponible en: http://www.crd.york.ac.uk/CRDWeb/ShowRecord.asp?ID=12010001178.

3. Puebla Molina SF, Aparicio Sánchez JL. El retraso de la introducción de alimentos sólidos en la dieta del lactante no parece proteger de un posterior desarrollo de asma, rinitis alérgica y sensibilización a neumoalergenos y alimentos. Evid Pediatr. 2008;4:36

4. González de Dios J, Perdikidis Olivieri L. En recién nacidos con alto riesgo de atopia, la suplementación con prebióticos de la fórmula adaptada parece disminuir la aparición de dermatitis atópica. Evid Pediatr. 2007;3:11.

5. Castillo Laita JA, Torregrosa Bertet MJ y Grupo de Vías Respiratorias. Protocolo de Diagnóstico de Asma. El Pediatra de Atención Primaria y el diagnóstico de Asma. Protocolo del GVR (publicación P-GVR-1) [consultado dia/mes/año]. Disponible en:http://www.aepap.org/gvr/protocolos.htm

6. Gema 2009. Guía española para el manejo del asma. Disponible en http://www.gemasma.com

7. Global strategy for the diagnosis and Management of asthma in children 5 years and younger. Available at http://www.ginasthma.org

8. Martín Mateos MA, Enrubia M, Vallés A. Document de consenso sobre el diagnòstic i tractament de l’asma en el nen menor de 3 anys. Maig de 2008. Disponible a: http://www.hsjdbcn.org/portal/ca/web/vincles

9. Nancy E. Lange, Sheryl L. Rifas-Shiman, Carlos A. Camargo Jr., Diane R. Gold, Matthew W. Gillman, and Augusto A. Litonjua, Maternal dietary pattern during pregnancy is not associated with recurrent wheeze in children. J Allergy Clin Immunol. 2010 August ; 126(2): 250–255.e4.

10. Chatzi L, Apostolaki G, Bibakis I, Skypala I, Bibaki-Liakou V, Tzanakis N, Kogevinas M, Cullinan P. Protective effect of fruits, vegetables and the Mediterranean diet on asthma and allergies among children in Crete. Thorax 2007;62:677–683

11. Chatzi l, Torrent M, Romieu I, García –Esteban R, Ferrer C, Vioque J, Kogevinas M, Sunyer J. Diet, wheeze, and atopy in school children in Menorca, Spain. Pediatr allergy Immunol 2007, Sep; 18(6): 480-5.

Bronquitis asmática en niña de dos años y tres meses

Publicado el 3 de Noviembre del 2011 en Consultas

Consulta:

Hola estoy deseperada y muy triste el pediatra diagnosticó bronquitis asmática a mi niña. ¿Qué puedo hacer? No quiero que use toda la vida los inhaladores, que tan grave es,  por favor necesito que me explique que hice mal y que puedo hacer para que se cure . Gracias

Respuesta:

El diagnóstico de bronquitis asmática es un diagnóstico clínico de un proceso que cursa con tos seca, de predominio nocturno, “pitos” o sibilancias en la auscultación y sensación de falta de aire que puede estar acompañada o no de fiebre. No especificas si ha sido el primer episodio, en cuyo caso no debes preocuparte porque puede ser algo puntual y no ocurrirle más , o si ha tenido 3 o más episodios similares, lo que ya se considera como asma. En los niños menores de 2 años se le conoce como sibilancias recurrentes del lactante o asma del lactante y la causa más frecuente son las infecciones víricas, suele desaparecer cuando crecen, aunque entre un 15 a un 55% pueden evolucionar a un asma infantil.

El asma es una enfermedad crónica, inflamatoria que afecta a los bronquios de algunas personas teniendo estos una sensibilidad mayor de lo normal. Como respuesta a diversas circunstancias los bronquios se inflaman por dentro estrechándose, también se contraen, lo que hace que se cierren aun más, y se aumenta la producción de moco.

La causa del asma no se conoce, aunque sabemos que se desarrolla en personas geneticamente predispuestas y que hay una serie de factores de riesgo que pueden facilitar el desarrollo del asma: alergia, factores ambientales ( tabaco), infecciones víricas y obesidad.

Actualmente el asma no se cura pero sí es posible ofrecer a las personas con asma una vida libre de síntomas con medicación.

Los medicamentos en el asma se utilizan fundamentalmente por vía inhalada para cualquier edad y gravedad , actúan más rápido,  a menor dosis y con menos efectos secundarios que si los toma por vía oral, por lo que no es una cosa que deba angustiarte tanto que los deba usar por largo tiempo porque producen escasos o nulos efectos secundarios.

No debes culparte en absoluto de lo que le pasa a tu hija, lo más importante para ayudarle es conocer bien la enfermedad, que factores desencadenan las crisis para evitarlos en lo posible y el uso de la medicación tanto la de mantenimiento como de tratamiento de las crisis para tener controlada la enfermedad y que tenga una buena calidad de vida y pueda hacer una vida normal.

Recuerda: la información que aparece en esta respuesta puede servir de guía o consejo, pero en ningún caso sustituye la visita y las recomendaciones de su médico, que es quien mejor conoce la enfermedad y las circunstancias particulares del paciente.

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Bronquitis recurrente

Publicado el 17 de Noviembre del 2010 en Consultas

Consulta:
Mi hijo tiene ahora 11 años y ha sido el bebe típico de las bronquitis y la atopia. Recién nacido salió del hospital lleno de granitos y el pediatra ya me dijo que desarrollaría alergias. Efectivamente a los 3 años o quizás antes todo remitió pero al cumplir los 10 ha vuelto a necesitar Salbutamol casi cada vez que se resfría, pero no ha necesitado ni corticoides ni antibióticos. Es deportista y ayer llegó bastante tapado y le administré Salbutamol en dosis de “ataque” (10 pufs y diez respiraciones de cada uno) tal como me indicaron en el hospital la última vez que fuimos. Aunque dominamos bastante los síntomas tanto mi hijo como yo, siempre que puedo me acerco a su pediatra o al hospital a que le den un vistazo. Le hemos hecho dos análiticas de sangre para ver si hay indicios de antígenos pero no parece que salga nada muy evidente en cuanto a alergias. Otro dato es que casi todo el año y sobre todo al levantarse estornuda y moquea bastante. Y por fín, mi consulta es si me recomendáis hacer pruebas de alergia “en serio” y si el hecho de que haya vuelto a aparecer esta sensibilidad a esta edad es preocupante o relativamente habitual. Muchas gracias.

Respuesta:
El asma es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia y adolescencia, con una prevalencia estimada del 9% en los niños de 13-14 años y del 10% en los de 6-7 años. Su hijo presentó un “asma del lactante y preescolar” (término actualmente objeto de controversia), definida como 3 o más episodios de sibilantes (pitos) en menores de 24 meses, independientemente de su causa y que en estas edades es predominantemenete de origen vírico. El niño ha permanecido clínicamente asintomático hasta hace un año, en el que ha reiniciado los síntomas. Pues bien, debe saber que la historia personal o familiar de atopia, como ha ocurrido en este caso, es el principal factor de riesgo de persistencia del asma.

El pilar del diagnóstico de asma es, junto con la clínica, la medición de la función pulmonar mediante la espirometría forzada, permitiendo además clasificar la gravedad del asma, por lo que sí le aconsejo ahondar en el estudio del niño. Este estudio también incluye pruebas para identificar los alérgenos responsables, ya que en el niño mayor la principal causa de asma son los alérgenos inhalados. Las técnicas fundamentales en el diagnóstico alergológico son el prick test o test cutáneo y la determinación de Ig E antigénico específico en suero. Me imagino que ésta última es la que su hijo tiene realizada.

Los síntomas “estornudos y mucosidad matutina” nos hacen pensar en una rinitis alérgica. En nuestro medio, un 80-90% de asmáticos tienen rinitis alérgica. También aconsejo la realización del estudio alergológico para identificar los alérgenos desencadenantes de la rinitis. El tratamiento tanto del asma como de la rinitis se basa en la eliminación de los alérgenos específicos, cuando es posible, y en el uso de medicamentos que disminuyan los síntomas. En este caso podríamos iniciar una budesonida inhalada para el control del asma y un corticoide nasal para el tratamiento de la rinitis.

Recuerda: la información que aparece en esta respuesta puede servir de guía o consejo, pero en ningún caso sustituye la visita y las recomendaciones de su médico, que es quien mejor conoce la enfermedad y las circunstancias particulares del paciente.

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Vacuna para prevenir resfriados

Publicado el 11 de Mayo del 2010 en Consultas

Consulta: Tengo una niña de 21 meses con asma y bronquitis desde los 8.  Cada resfriado es un drama y el neumólogo nos comentó en la última visita que a finales de este próximo verano le suministrará una vacuna para prevenir tantos resfriados. ¿Me pueden explicar un poco de qué vacuna se puede tratar?  En la visita no nos dió tiempo de profundizar en el tema. Muchas gracias.

Respuesta:

La inmunoterapia, también conocida como “vacuna antialérgica”, es un tratamiento utilizado en algunos casos de asma en los que los síntomas no se pueden aliviar evitando los alérgenos (sustancias que provocan alergias) o tratándolos con medicamentos. La inmunoterapia consiste en la aplicación de múltiples inyecciones con pequeñas cantidades de la sustancia que produce los síntomas de alergia y que gradualmente se van aumentando de forma que el niño va desarrollando una tolerancia al alérgeno (“se va acostumbrando”). Si la inmunoterapia da buenos resultados, el tratamiento, por lo general, se suele mantener durante un periodo de tiempo que oscila entre los 3 y los 5 años y la decisión de detenerlo debe ser tomada por un médico en función del caso particular del niño. Sin embargo, la edad mínima recomendada para iniciar la inmunoterapia suele ser de cinco años por diversas razones, entre ellas por la dificultad de determinación del alérgeno responsable de la alergia en edades más tempranas y por las dificultades que pueden presentar los niños menores para cooperar con el programa de inmunoterapia.

Existen además otros tratamientos en forma de comprimidos orales que pueden ayudar a prevenir o disminuir el número de episodios de bronquitis asmática, que se pueden administrar a edades más tempranas y que pueden ser confundidos con “vacunas”.

La elección de un tipo de tratamiento u otro depende de las características particulares del niño y de su enfermedad alérgica, por lo que es fundamental disponer del diagnóstico definitivo y de la valoración médica detenida de las condiciones particulares de los síntomas del niño.

No obstante, y a pesar de los tratamientos disponibles para tratar las alergias, es importante recordar que la mejor manera de prevenir o controlar los síntomas de alergia de su hija es evitando el alergeno. Puede consultar los consejos para mejorar el ambiente dentro del hogar disponibles en nuestra página web.

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Neumonía (Pulmonía)

Publicado el 20 de Abril del 2010 en Temas

Qué es

Qué es

La neumonía también llamada, comunmente, pulmonía, es la infección e inflamación de una parte o de todo un pulmón (a veces los dos) [1], que puede estar provocada por diversos agentes infecciosos como las bacterias, los virus, los hongos o los parásitos [2]. Esta infección produce una inflamación y un exceso de secreciones en los pulmones que dificultan la respiración [3].

Incidencia en los niños

Entre los niños es una de las infecciones más comunes de las vías respiratorias bajas [3]. En Estados Unidos la neumonía supone el 13% de todas las enfermedades infecciosas en niños menores de 2 años [4].

Aunque la neumonía puede aparecer a cualquier edad, es más frecuente en niños pequeños. Según la edad, cambia la probabilidad de padecer una neumonía por un determinando germen, lo que conlleva diferentes diagnósticos y decisiones sobre el tratamiento [4].

Causas

Causas

La neumonía puede estar provocada por distintos tipos de gérmenes, como las bacterias, los virus, los hongos y los parásitos. Aunque los distintos tipos de neumonía tienden a afectar a diferentes grupos de edad, la mayoría están provocadas por virus sobre todo en bebés y niños pequeños [1];[5].

Los virus que causan neumonía más frecuentemente son el virus influenza (el virus de la gripe), virus sincitial respiratorio (VSR), parainfluenza y adenovirus [6]. La neumonía causada por bacterias tiende a ser la más grave. Cuando la neumonía es de origen bacteriano, generalmente el niño infectado enferma relativamente deprisa y sufre una fiebre alta que aparece de forma brusca y se acompaña de una respiración más rápida de lo habitual. En cambio, cuando la neumonía es de origen vírico, los síntomas tienden a aparecer de forma más progresiva y suelen ser menos intensos que en la neumonía bacteriana. Rara vez los hongos o parásitos pueden producir una neumonía y, si sucede, suele ser en niños con enfermedades previas [7].

No siempre es fácil saber si una neumonía es bacteriana o vírica. Además, también es a menudo muy difícil distinguir entre una neumonía causada por un virus o una neumonía que surge como complicación bacteriana de un proceso que en un principio era vírico.

Estos agentes infecciosos pueden llegar a infectar al niño de distintas formas [1]:

  • Por propagación directa hasta los pulmones de las bacterias y virus que viven en la nariz, los senos o la boca.
  • Inhalación de algunos de estos gérmenes, llegando así directamente a los pulmones.
  • Ingesta de alimento, líquidos, vómitos o secreciones de la boca. Se produce entonces la llamada “neumonía por aspiración”.

Existen además una serie de circunstancias o factores que aumentan el riesgo del niño de contraer y sufrir una neumonía. Estos factores de riesgo son [1]:

  • Exposición al humo del tabaco.
  • Infección viral respiratoria reciente (resfriado o catarro común, laringitis, gripe).
  • Otras enfermedades como cardiopatía o diabetes mellitus.
  • Vivir recluido en instituciones.
  • Cirugía o traumatismo reciente.
  • Problema del sistema inmunitario, debido a enfermedades o tratamientos.
  • Alteraciones anatómicas de los pulmones.

Síntomas

Síntomas

El período de incubación desde que se contrae el gérmen hasta que aparecen los síntomas de la neumonía varía, dependiendo del tipo de virus o bacteria que esté causando la infección. Algunos de los períodos de incubación más habituales entre los virus son: de cuatro a seis días (virus sincitial respiratorio) o de 18 a 72 horas (gripe) [5].

Sea cual sea la causa, es frecuente que la neumonía comience después de dos o tres días de que el niño haya pasado una infección respiratoria de vías altas (resfriado o catarro común). Por ello, a menudo pasan varios días hasta que se diagnostica. Otras veces, pueden aparecer otros síntomas como una simple fiebre prolongada, un dolor abdominal o torácico, dificultad para respirar, decaimiento, inapetencia o vómitos acompañados de fiebre. En cualquiera de los casos la fiebre casi siempre está presente (puede que no en niños muy pequeños) y la tos es un síntoma muy común aunque puede faltar.

Los síntomas de neumonía varían, dependiendo de la edad del niño y de la causa de la neumonía. Algunos de los síntomas que más aparecen en un niño con neumonía son [1]:

  • Tos (en algunas neumonías acompañada de una mucosidad amarillenta o verdosa).
  • Fiebre que puede ser moderada o alta acompañada de sudoración.
  • Escalofríos con temblores.
  • Dificultad para respirar (puede únicamente ocurrir cuando el niño hace determinados esfuerzos como correr o subir escaleras).

Otros síntomas que pueden aparecer aunque con menor frecuencia son [1];[2]:

  • Dolor en el pecho punzante que empeora cuando el niño respira profundamente o tose.
  • Dolor de cabeza.
  • Dolor de barriga o abdominal.
  • Sudoración excesiva y piel pegajosa.
  • Inapetencia, baja energía y pérdida del apetito (en los niños mayores) o escaso interés por el pecho o el biberón (en los lactantes).
  • Respiración más rápida de lo habitual.
  • Emisión de ruidos al respirar (los “pitos” son más frecuente en la neumonía vírica).
  • Respiración trabajosa que hace que los músculos situados a la altura de las costillas se hundan con cada respiración.
  • Vómitos.

Sin embargo, a veces, el único síntoma que presenta un niño con neumonía es la respiración rápida. En ocasiones, cuando la neumonía afecta a la parte inferior de los pulmones, muy cercana al abdomen, puede no haber ningún problema respiratorio, pero sí fiebre y dolor abdominal o vómitos.

Algunos niños con neumonía tienen síntomas que dan pistas sobre qué gérmenes están causando la enfermedad. Por ejemplo, en niños mayores y adolescentes, la neumonía provocada por Mycoplasma (también denominada “neumonía atípica”) se caracteriza por provocar dolor de garganta y de cabeza aparte de los síntomas de neumonía habituales. Sin embargo, en los lactantes, la neumonía provocada por Chlamydia, además de provocar síntomas leves, puede asociarse a una conjuntivitis (inflamación en el ojo) en ausencia de fiebre. Cuando la neumonía está provocada por la tos ferina, el niño puede tener largos episodios de tos, ponerse cianótico (azul) debido a la falta de aire o emitir un sonido aspirado característico al intentar coger aire [7].

Diagnóstico

Cómo se diagnostica

El médico podrá hacer un diagnóstico de neumonía mediante un interrogatorio de los síntomas y la auscultación de los pulmones, ya que con la respiración aparece un ruido muy característico, la cual forma parte de una exploración física minuciosa del niño. En algunos casos, y en función siempre del criterio médico, puede ser necesaria la realización de una radiografía de tórax [7].

En las radiografías realizadas, la neumonía puede aparecer de muchas formas distintas aunque lo habitual es ver una mancha blanquecina que ocupa una parte del pulmón (es la zona infectada). Hay que tener en cuenta que algunas veces, sobre todo al principio o cuando es una neumonía causada por virus, la neumonía puede no ser fácilmente visible en la radiografía [7].

Algunos niños pueden necesitar otras pruebas, que aunque no son siempre necesarias, sí que pueden orientar en los casos dudosos. Estas pruebas son [1]:

  • Análisis de sangre.
  • Gasometría arterial, que consiste en un análisis de sangre especial para ver si está llegando suficiente oxígeno a la sangre.
  • Tomografía computarizada del tórax (TAC), se trata de una prueba radiológica distinta a la radiografía.
  • Cultivo de esputo (mucosidad expectorada) para buscar el organismo causante de los síntomas.
  • Cultivo de líquido pleural si hay presencia de líquido en el espacio que rodea los pulmones.

Tratamiento

Tratamientos

A pesar de que la mayoría de los niños pueden recibir tratamiento en casa, una de las decisiones iniciales del médico es si el niño precisa ser hospitalizado para recibir tratamiento. Las circunstancias que aumentan el riesgo de que el niño sea ingresado son [1];[5]:

  • Tener otra enfermedad además de la neumonía.
  • Presentar síntomas graves.
  • Imposibilidad de cuidar al niño en casa.
  • Ser lactante menor de 3 meses.
  • Neumonías recurrentes.
  • Precisar mayor aporte de oxígeno.

Una vez determinado si el tratamiento puede realizarse de forma domiciliaria, el médico planificará el tratamiento del niño en función del tipo de neumonía que padece y en los síntomas que esté manifestando.

Generalmente, si se sospecha que la neumonía está causada por un virus, la actitud más correcta es no emplear antibióticos, si bien, el tratamiento antibiótico es obligado cuando se sospecha una neumonía bacteriana [7]. El tipo de antibiótico vendrá determinado por el tipo de neumonía que presente el niño y normalmente se administra de forma oral, en jarabe. Este tratamiento se debe administrar de forma minuciosa con la frecuencia y duración prescritos por su médico y durante el tiempo necesario para la curación de esta enfermedad, no debiendo suspenderlo NUNCA antes del tiempo prescrito si no es por indicación de un profesional [5]. De esta forma el niño se recuperará antes y se reducirán las probabilidades de que contagie a otros miembros de la familia.

Otras medidas que se pueden realizar en casa y que son necesarias para tratar con éxito a un niño que sufre neumonía son [1];[3];[5];[7]:

  • Ofrecer al niño mucho líquido para ayudar a fluidificar las secreciones y que sean expulsadas con mayor facilidad.
  • Permitir el descanso.
  • No administrar fármacos para aliviar la tos sin hablar primero con el médico, ya que algunos fármacos antitusígenos impiden que los pulmones se limpien de mucosidades, lo que puede ser contraproducente en algunos tipos de neumonía.
  • Controlar la fiebre con paracetamol o ibuprofeno según le haya pautado su médico. Se aconseja poner el termómetro por lo menos una vez por la mañana y otra por la tarde.
  • Mantener una buena humedad en el ambiente (en el norte de España ya hay demasiada humedad, simplemente no ponga la calefacción alta y mantenga un recipiente con agua en la habitación).
  • Registrar la temperatura del niño para detectar posibles nuevos picos febriles.
  • No forzar al niño a comer si se encuentra mal.
  • Si el niño se queja de dolor en el pecho, se puede aplicar una manta eléctrica o un paño caliente en la zona.
  • Comprobar la buena coloración de las uñas de las manos y los labios del niño.
  • Mantener la cabeza y el pecho del niño ligeramente elevados.
  • Enseñar al niño a cubrirse la nariz y la boca cuando tosa o estornude.

Perspectivas

Perspectivas a largo plazo

La neumonía, habitualmente no es grave, salvo en raras excepciones, y puede tratarse en casa sin temor a que surjan complicaciones. No obstante, deben diferenciarse las neumonías producidas por virus que suelen tener poca trascendencia y que no requieren de tratamiento antibiótico, de las producidas por bacterias que pueden ser algo más importantes y requieren de antibióticos [7].

En general con el tratamiento adecuado, la mayoría de los niños con neumonías causadas por  bacterias mejoran al cabo de dos semanas, aunque en el caso de la neumonía vírica pueden tardar más [1];[5].

En algunas ocasiones es posible que el médico quiera comprobar que la radiografía de tórax vuelve a ser normal después de tomar el tratamiento antibiótico prescrito. Sin embargo, pueden llegar a pasar varias semanas hasta que las radiografías sean normales [1].

Bibliografía

[1] Neumonía. Medline plus 2009. Available from: URL: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000145.htm
[2] Neumonía. Greenwich Hospital 2004. Available from: URL: http://www.greenhosp.org/pe_pdf_espanol/genmed_pneumonia.pdf
[3] La neumonía. Children Hospital and Clinics of Minnesota 2009. Available from: URL: http://www.childrensmn.org/Manuals/PFS/Condill/018669.pdf
[4] Pneumonia. emedicine 2010. Available from: URL: http://emedicine.medscape.com/article/967822-overview
[5] Pneumonía. Kids health 2008. Available from: URL: http://kidshealth.org/parent/h1n1_center/h1n1_center_esp/pneumonia_esp.html
[6] Neumonía/Pulmonía. Asociación Española de Pediatría para Atención Primaria 2010. Available from: URL: http://www.aepap.org/familia/neumonia.htm
[7] Neumonía. Asociación Española de Pediatria 2002. Available from: URL: http://www.aeped.es/infofamilia/temas/neumonia.htm

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Bronquiolitis

Publicado el 17 de Abril del 2010 en Temas

Qué es

Qué es

La bronquiolitis aguda es una enfermedad del aparato respiratorio que afecta a menores de 2 años, sobre todo a los menores de 6 meses [1]. Esta enfermedad produce una obstrucción, hinchazón y acumulación de moco en las vías aéreas más pequeñas de los pulmones, llamados bronquiolos, que dificultan la respiración [2];[3]

Aunque esta enfermedad puede aparecer en cualquier época del año, el periodo más frecuente es de Noviembre a Abril (invierno).

Incidencia en los niños

La bronquiolitis es una enfermedad frecuente. Esta enfermedad afecta en Estados Unidos al 25% de los niños menores de 12 meses y al 13% de los niños con edad comprendida entre el año y los dos años. El 80% de las hospitalizaciones por bronquiolitis ocurren durante el primer año de vida, y el 50% de ellas son motivadas por ingresos de niños de edades comprendidas entre el mes y los tres meses.

A nivel internacional, la bronquiolitis es una causa importante de enfermedad respiratoria. Su incidencia en los países desarrollados es similar a la de Estados Unidos [3]. La bronquiolitis afecta con más frecuencia a los niños que a las niñas.

Causas

Causas

La causa más frecuente de la bronquiolitis es un virus llamado Virus Sincitial Respiratorio (VSR), aunque existen otros virus que pueden causarla (adenovirus, influenza y parainfluenza). Estos virus se transmiten de una persona a otra por el contacto directo con las secreciones nasales o a través de gotitas que quedan suspendidas en el aire cuando una persona enferma tose o estornuda [2].

No obstante, no todos los niños contagiados acaban con bronquiolitis. Existen algunos factores que predisponen al niño a padecer una bronquiolitis son [2];[4]:

  • Exposición al humo del tabaco
  • Edad menor de seis meses
  • Vivir en condiciones de hacinamiento
  • Falta de lactancia materna
  • Prematuridad (haber nacido antes de las 37 semanas de gestación)
  • Predisposición genética o familiar (niños con antecedentes familiares de asma, dermatitis atópica, etc.) aunque esta afirmación se encuentra, aún hoy, muy en discusión.

Síntomas

Síntomas

Durante los días previos a la manifestación de la bronquiolitis, el niño suele tener síntomas catarrales leves con tos y mocos y, posteriormente, entre dos y cinco días después, aparece la bronquiolitis. Esta enfermedad es consecuencia de una inflamación de las paredes de los bronquiolos y, consecuentemente, la obstrucción parcial de los mismos que produce dificultad respiratoria, y ruidos respiratorios en forma de pitos característicos de esta enfermedad: las sibilancias [4].

Los síntomas de esta enfermedad son variables para cada niño. Típicamente presenta dificultad para respirar (fatiga) y a veces se oyen ruidos respiratorios agudos o pitos (sibilancias) cuando respira. La respiración se hace más rápida, el niño puede comer menos y estar más irritable. A medida que se incrementa el esfuerzo para respirar, las fosas nasales del niño se dilatan con cada respiración y los músculos situados encima de las costillas se hunden (tiraje) al inhalar el aire. Los síntomas abarcan [1];[3]

  • Tos seca.
  • Ruidos respiratorios agudos (sibilancias).
  • Dificultad respiratoria.
  • Fiebre, aunque suele aparecer en pocas ocasiones, si se presenta, ésta es moderada estando entre los 38-39 ºC. En niños menores de un mes puede aparecer incluso hipotermia (temperatura corporal inferior a la normal).
  • Tiraje o retracción de músculos costales.
  • Aleteo nasal en bebés.
  • Respiración rápida.
  • Algunas veces, los niños, pueden presentar una infección del oído asociada a la bronquitis.

Esta sintomatología, sin embargo, puede variar según la edad del niño afectado. Así, si el niño tiene más de dos años, los bronquiolos son lo suficientemente grandes como para no obstruirse cuando se inflaman. Por eso, en estos niños no suele aparecer dificultad respiratoria. Además, la inmunidad (defensas) a esta edad está más desarrollada, evitándose la progresión del virus al resto de los pulmones. En niños mayores de dos años, los síntomas son los mismos que los de un cuadro catarral [4].

Diagnóstico

Cómo se diagnostica

Mientras los síntomas sean similares a los de un catarro es prácticamente imposible diagnosticar una bronquiolitis. De hecho, en ese momento todavía no puede hablarse de bronquiolitis. Posteriormente, sea o no evidenciable la dificultad para respirar, el diagnóstico definitivo lo hace el médico mediante una exploración del niño y auscultación pulmonar. Los signos que aparecen en las bronquiolitis son [2];[4]:

  • Tos característica, de forma que un profesional con experiencia puede sospechar esta enfermedad tan solo con oírla.
  • Ruidos respiratorios que se oyen al auscultar el tórax con un estetoscopio.

Una vez realizada la exploración física y, si el médico así lo precisa, puede ser necesaria la realización de determinadas pruebas diagnósticas, como son:

  • Gasometría arterial, es una prueba de sangre para conocer los niveles de oxígeno del niño.
  • Radiografía de tórax.
  • Cultivo de las secreciones nasales para conocer cuál es el virus que está causando la bronquitis.

Tratamiento

Tratamientos

Lo más importante es no exponer al niño al humo del tabaco, especialmente dentro del hogar y mantenerlo alejado de ambientes cargados (humos de cocina, bares, etc.).

Suele ser útil colocarlo semiincorporado boca arriba (para facilitar la respiración) y mantener sus fosas nasales despejadas. Si hay fiebre se tratará con las medidas y antitérmicos habituales.

Otras medidas que pueden ayudar a la pronta recuperación del niño y que deben ser consultadas con su pediatra, son [1];[2];[4]:

  • Percutir la zona torácica, dando palmaditas en la espalda y en el pecho para movilizar la mucosidad.
  • Realizar al niño lavados nasales frecuentes y aspirarle, si fuera necesario, las secreciones con una perilla de goma.
  • Beber suficientes líquidos. La leche materna o la leche artificial son perfectas para niños menores de un año.
  • Respirar aire húmedo, ya que ayuda a aflojar el moco.
  • Descansar mucho.

Dado que la causa principal es un virus, el tratamiento es sintomático y los antibióticos no son útiles. A veces el niño con bronquiolitis puede necesitar medicación con broncodilatadores en aerosol (sustancias que dilatan el bronquio para permitir el paso del aire) u otro tipo de sustancias [4]. El Pediatra será quien determine la conveniencia de este tipo de tratamientos, ya que la mayoría tienen poco efecto sobre la bronquiolitis y con frecuencia esta enfermedad no necesita tratamiento alguno.

Perspectivas

Perspectivas a largo plazo

Normalmente, los síntomas mejoran al cabo de una semana y la dificultad respiratoria por lo general mejora al tercer día [2].

Es frecuente, en algunos niños con cierta predisposición, padecer síntomas similares después de cada proceso catarral. Estos cuadros pueden ser nuevas bronquiolitis, si bien lo habitual es que sean “episodios de broncoespasmo”. En realidad lo que sucede es que los bronquios y bronquiolos que se dañaron en la primera bronquiolitis se hacen “hiperreactivos” o muy sensibles de forma que, en presencia de un nuevo catarro reaccionan contrayéndose (broncoespasmo) y provocando de nuevo, una obstrucción al paso del aire. Este fenómeno de hiperreactividad bronquial (reacción exagerada del bronquio frente a un estímulo) suele curar progresivamente antes de los 2-4 años. A veces se mantiene más allá de los 4-6 años y entonces podría hablarse de asma [4].

Saber +

Saber más

¿Cuándo acudir al pediatra? Síntomas de alarma en el caso de bronquiolitis diagnosticada:

Una vez que el pediatra ha diagnosticado al niño de bronquiolitis, deberá acudir a la consulta de revisión que le haya programado. La evolución de la enfermedad es lenta y es necesario tener paciencia. Consulte con el médico inmediatamente o acuda al servicio de urgencias si el niño con bronquiolitis presenta [1];[2]:

  • Pérdida de conocimiento.
  • Disminución importante de la frecuencia cardiaca.
  • Color de la piel azul.
  • Uñas azuladas.
  • Imposibilidad para caminar o para comer.
  • Presenta respiración superficial y rápida.
  • Aumento de la dificultad respiratoria.
  • Aleteo nasal o hundimiento de los músculos del tórax en un esfuerzo por respirar.

Más información

¿Tiene alguna relación la bronquiolitis con el asma?
¿Cómo puedo prevenir la aparición de bronquiolitis?

Bibliografía

[1] Asociación Española de Pediatría 2007Available from: URL: http://www.aepap.org/familia/bronquiolitis.htm
[2] Medline Plus 2007Available from: URL:     http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000975.htm
[3] emedicine from webMD 2010Available from: URL: http://emedicine.medscape.com/article/961963-overview
[4] Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria 2010Available from: URL: http://www.aeped.es/infofamilia/temas/bronquiolitis.htm

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Fiebre

Publicado el 15 de Abril del 2010 en Temas

Qué es

Qué es

La fiebre es un aumento temporal en la temperatura del cuerpo que aparece como respuesta a alguna enfermedad.

Sin embargo, los aumentos de temperatura no siempre indican la existencia de una enfermedad. Hay que tener en cuenta que existen pequeñas variaciones de la temperatura normal del cuerpo a lo largo del día y entre unas personas y otras.

En términos generales, hablamos de [1]:

  • Temperatura normal una temperatura menor de 37,5 ºC
  • Febrícula (“destemplanza”) si la temperatura medida en la axila se encuentra entre 37,5 y 37,9 ºC.
  • Fiebre si la temperatura axilar supera los 38 ºC.

La fiebre representa una respuesta normal del cuerpo frente a muy diversas situaciones. La inmensa mayoría de ellas en el niño son infecciones, bien de causa bacteriana o vírica [1]. Por ello, debe entenderse como una respuesta del cuerpo para activar las defensas del organismo y que éstas luchen contra la infección. La fiebre es un síntoma, no una enfermedad. No es la fiebre la que causa el daño, sino la enfermedad por la que se tiene fiebre [2].

Incidencia en los niños

En países como Estados Unidos la fiebre en niños entre 2 y 36 meses origina entre un 10 y un 20% de las consultas pediátricas a los servicios de salud.

Causas

Causas

Las infecciones son la causa más frecuente de fiebre.
Casi cualquier infección puede causar fiebre. Estas infecciones suelen ser [3] infecciones respiratorias víricas o bacterianas (gripe o resfriados, dolores de garganta, infecciones del oído, sinusitis…) o gastroenteritis virales o bacterianas, entre otras. En otras ocasiones, la causa de la fiebre no es una enfermedad.

Así, en los recién nacidos, el exceso de abrigo puede elevar la temperatura sin que ello signifique infección o incluso, el inicio de la dentición que puede causar un ligero aumento en la temperatura de un niño, aunque no suele superar los 37.7° C.

Además, los niños pueden tener febrícula durante uno o dos días después de la administración de algunas vacunas. Incluso algunos medicamentos como algunos antibióticos o antihistamínicos también pueden producir fiebre. No obstante, pueden existir otras enfermedades más raras que se manifiesten mediante la aparición de fiebre.

Síntomas

Síntomas

Hay algunos signos que pueden ayudarnos a detectar la fiebre además de la sensación de temperatura elevada al tocar al niño, como son:

  • El enrojecimiento de las mejillas.
  • Cierto brillo en los ojos.
  • Inactividad inusual.
  • Sensación de frío y escalofríos.
  • Aumento de la frecuencia cardiaca en reposo.
  • Aumento de la frecuencia de la respiración.
  • Incluso el exagerado descenso de los testículos dentro del escroto, en los varones [1].

Pero no siempre que se sospeche que un niño tenga fiebre, realmente la tendrá. Cuando existan dudas sobre si el niño tiene fiebre y haya que asegurarse de su temperatura real, lo primero que se debe hacer es comprobarlo con un termómetro. (Ver los tipos de termómetros y técnica de toma de temperatura).

Entonces, ¿cuándo se debe consultar al pediatra?

Es importante señalar que las recomendaciones que se muestran a continuación son una generalización y por lo tanto no pueden sustituir a la valoración individual de cada caso. No obstante ante un niño con fiebre se aconseja la consulta a su pediatra si [1];[2]:

  • El niño es menor de 3 meses o tiene una temperatura superior a 40ºC.
  • Lleva 3 días o más con fiebre. Aunque no es por sí mismo un signo de alarma, deberá consultar obligatoriamente, aunque sin prisas, salvo que su pediatra le haya dado otras instrucciones.
  • Padece de alguna enfermedad crónica grave.
  • Presenta síntomas de alarma de los que se describen a continuación.

Síntomas de alarma:

- Rigidez de nuca franca: sólo puede explorarse en el niño de más de 1 ó 2 años y que colabora. Se dice que hay rigidez de nuca si el niño es incapaz de sujetar una hoja de papel con el mentón (cerrando la boca) sobre el pecho. No obstante, la fiebre elevada puede producir rigidez de nuca siendo necesario bajarla para comprobar que persiste.

- Convulsiones.

Petequias

Petequias

- El niño tiene mal aspecto general o dificultad para respirar.

- Aparecen petequias. Son manchas en la piel puntiformes de color rojo que no desaparecen al presionarlas. Aunque las causas más frecuentes de la aparición de petequias son banales y de poca importancia (vómitos y tos repetida, infecciones víricas), hay que consultar sin demora si son varias (rodearlas con un bolígrafo para cerciorarse que son de aparición progresiva) y, sobre todo, si además existe decaimiento y progresan rápidamente.

- Decaimiento importante. Cabe decir que la fiebre, por muy escasa que sea, puede producir decaimiento en el niño, por lo que sólo se deberá alertar si el decaimiento es importante y persiste, pese a lograrse bajar la temperatura por debajo de los 37,5º C.

Diagnóstico

Cómo se diagnostica

Actualmente, existen distintos tipos de termómetros disponibles en las farmacias:

Termómetro de vidrioEl primero en utilizarse fue el termómetro de vidrio que contiene mercurio para medir la temperatura corporal. Antes de colocar este instrumento es necesario tomar el extremo opuesto al bulbo metálico y sacudir el termómetro hacia abajo hasta leer 35° C o menos. Para leerlo, se toma el extremo opuesto al bulbo metálico, de forma que los números queden frente a usted. Se gira entonces el termómetro entre los dedos hacia atrás y hacia delante hasta que se vea un reflejo rojo o plateado en la columna. El grado marcado en las líneas sobre el termómetro con el extremo de la columna de mercurio indica la temperatura corporal. A pesar de su uso extendido y ser una forma fiable de medición de la fiebre, la normativa europea ha prohibido la venta de estos termómetros dado el peligro que puede entrañar el vidrio al romperse y la toxicidad del mercurio liberado. Existe una variante conteniendo gadolinio no tóxico pero son difíciles de encontrar en las farmacias.

Termómetro electrónicoDe más reciente aparición son los termómetros electrónicos. Se utilizan y recomiendan cada vez con más frecuencia. Existen dos modelos: de contacto o por luz infrarroja. La temperatura aparece en un lector digital que avisa mediante un sonido cuando la ha detectado y son fáciles del leer. Tan sólo hay que seguir las instrucciones que vienen con el termómetro. Los termómetros de sonda electrónicos se pueden colocar en la boca, el recto o la axila. Los termómetros electrónicos para uso en el oído son rápidos ya que sus resultados se dan en pocos segundos, pero sus resultados pueden variar de los tomados con mercurio con lo cual es conveniente probarlos varias veces con el niño o el adulto sano. Además pueden presentarse importantes diferencias entre modelos.

Termómetro de tira plásticaMenos usados son los termómetros de tira plástica que cambian de color para indicar la temperatura, siendo un instrumento menos preciso. Se coloca la cinta o tira plástica en la frente y se lee después de un minuto, mientras permanece puesta allí. También existen estos termómetros para tomar la temperatura en la boca.

Aunque el termómetro más aconsejado es el digital [1], lo más importante no es usar un tipo u otro de termómetro, sino saber cómo manejarlo.

Es importante saber que antes de usar un termómetro siempre es necesario limpiarlo. Para ello, se puede usar agua jabonosa y fresca o alcohol antiséptico.

La temperatura se puede medir en diferentes partes del cuerpo. Según la zona elegida, variará el tiempo necesario de espera para poder leer el termómetro. Las zonas del cuerpo adecuadas para tomar la temperatura por contacto son:

  • Bajo el brazo (temperatura axilar): se coloca el bulbo metálico del termómetro en la axila con el brazo presionado contra el cuerpo durante 5 minutos antes de leerlo. En nuestro medio (España y Países latinos), es la parte del cuerpo más usada para tomar la temperatura [1].
  • En la boca (temperatura oral): el bulbo de metal del termómetro se coloca bajo la lengua y se mantiene cerrada la boca del niño. Es necesario que respire a través de la nariz y utilice los labios para mantener el termómetro bien fijo en su lugar. El termómetro se puede retirar de la boca a los 3 minutos o hasta que se escuche la señal electrónica del dispositivo.
  • Entre las nalgas (temperatura rectal): este método es recomendable para bebés y niños pequeños que no son capaces de sostener el termómetro en la boca con seguridad. Esta zona del cuerpo requiere la lubricación del bulbo del termómetro con vaselina y colocar al niño boca abajo en una superficie plana o sobre las piernas. Tras separar los glúteos, se inserta en el canal anal el extremo del bulbo del termómetro a un poco más de 1 o 2 cm, teniendo cuidado de no introducirlo demasiado. Es importante que el niño no se mueva, para evitar empujar accidentalmente el termómetro más adentro. El termómetro se retira después de 3 minutos o cuando se escuche la señal electrónica del dispositivo. Es importante saber que la temperatura rectal suele estar 0,5 ºC por encima de la axilar [1].

Siempre que cambiemos de modelo de termómetro es importante probarlos varias veces con el niño o el adulto sano para tener una referencia de temperatura. Pueden presentarse importantes diferencias entre modelos.

Tratamiento

Tratamientos

Lo primero es permitir que el cuerpo pierda el calor sobrante desabrigando al niño y dejándolo vestido sólo con una camiseta. No se debe abrigar a alguien que tenga escalofríos.

Otra opción es el baño con agua templada (unos dos grados por debajo de la temperatura que tenga el niño [4] sin dejar enfriarla porque, además de resultar desagradable para el niño, podría producirle temblor, recuperando de nuevo el calor perdido. Esta medida es especialmente eficaz después de suministrar medicamento; ya que, de lo contrario, al pasar el efecto del fármaco, la temperatura podría volver a subir en seguida. Lo ideal es que el niño permanezca tranquilo unos 15-20 minutos “en remojo” y, como es lógico, vigilado por una persona mayor.

No son recomendables las tradicionales compresas ni fricciones con alcohol por el descenso brusco de la temperatura que producen.

Se deberá prestar atención a cualquier cambio en la evolución del niño en los casos en los que la fiebre lleve pocas horas de evolución (primeras 12-24 horas). Durante este tiempo hay que asegurarse de que no aparece ninguno de los síntomas de alarma anteriormente mencionados. La necesidad de tranquilizarse ante esta situación y no pretender que se haga un diagnóstico precoz y exacto del origen de la misma es primordial, ya que no siempre es posible. Hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de las veces, la infección causante de la fiebre carece de trascendencia [1].

Si la temperatura es elevada o el niño está incómodo, se puede administrar algún medicamento para bajarla (antitérmicos) habiendo consultado previamente con el pediatra la dosis correcta en función del peso del niño. Los más empleados son el paracetamol y el ibuprofeno. Inicialmente lo ideal es manejarse con un solo antitérmico que tenga escasos efectos secundarios como el paracetamol y relegar el uso del ibuprofeno a casos más rebeldes. Se suelen usar preferiblemente en gotas o en jarabe si el niño es pequeño y siguiendo las normas que se aconsejan en el prospecto.

Los medicamentos antitérmicos sólo bajan la temperatura corporal cuando ésta se encuentra elevada y como promedio la disminuyen alrededor de un grado al cabo de una hora de su administración.

No es conveniente usar rutinariamente dos antitérmicos de forma simultánea o alternativa.

Si el niño está contento, juega y no parece afectado, serán innecesarios los medicamentos antitérmicos aunque tenga fiebre, ya que tratándola no conseguiremos curar nada, tan sólo que el niño se encuentre menos molesto. Es importante recordar que la meta es bajar la fiebre, no eliminarla [3].

Recientemente se ha desaconsejado el uso de ácido acetilsalicílico para el tratamiento de la fiebre en niños pequeños, por su asociación con una rara pero grave complicación, que ocurre en raras ocasiones especialmente en enfermedades como la varicela y la gripe [2].

Asimismo, ante un niño con fiebre es muy recomendable que beba líquidos con frecuencia, para recuperar las pérdidas hídricas por el exceso de temperatura y prevenir así la deshidratación. A los niños más pequeños no se aconseja administrar demasiada fruta ni zumos de manzana y se deben evitar las bebidas para deportistas.

Perspectivas

Perspectivas a largo plazo

Mantener la calma ante la fiebre:

a) La mayor parte de las infecciones febriles tienen un origen vírico que suele ser poco trascendente.

b) La fiebre es considerada como un mecanismo de defensa que puede llegar a ser beneficioso.

c) Por desgracia, las infecciones causantes de fiebre pueden no dar síntomas al principio y la exploración física inicial realizada por un médico puede ser rigurosamente normal (fiebre sin foco). Además, es frecuente que una infección febril permanezca sin dar síntomas (fiebre sin foco) durante toda su evolución y luego desaparezca sin haber dejado rastro de su origen.

d) No suele haber, salvo temperaturas elevadas en niños pequeños, relación exacta entre el grado de fiebre y la gravedad de la infección. Es decir, un simple catarro puede dar fiebre elevada, mientras que una meningitis puede manifestarse con temperaturas inferiores a 39 ºC.

Saber +

Saber más

Ideas erróneas sobre la fiebre [5]:

  • La fiebre alta produce meningitis o daña el cerebro. No es cierto. Esta creencia tan extendida probablemente tiene su origen en el hecho de que es frecuente que las meningitis (inflamación de las envolturas del cerebro) cursen con mucha fiebre. Lo que la fiebre alta puede causar a algunos niños son las llamadas convulsiones febriles, que si son simples no son peligrosas.
  • Las infecciones que producen fiebre hay que tratarlas con antibióticos. No es cierto. La mayoría de las infecciones que producen fiebre son causadas por virus, para los cuales los tratamientos antibióticos no son eficaces.
  • La respuesta a antitérmicos es buen indicador del origen vírico o bacteriano. No es cierto. La única forma de conocer el origen vírico o bacteriano de un niño con fiebre es mediante análisis y cultivos sanguíneos.


Bibliografía

[1] G. El Portal Médico para Padres de la Asociación Española de Pediatría. Asociación Española de Pediatría 2008. Available URL: http://www.aeped.es/infofamilia
[2] Web de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. Fiebre. 1-10-2001.
[3] Medline plus. Fiebre. Medline plus 2010. http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/003090.htm
[4] Web de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. Antitérmicos. Mayo 2003. Asociación Española de Pediatría 2003 May 1.
[5] Ruiz Domínguez A, Montero Reguera R, Hernández González N. Manual de diagnóstico y terpéutica en pediatria. 2003.
[6] Picazo JJ, Delgado A. Las vacunas de los niños: Guía para padres. 2010.
[7] Kohl KS, Marcy SM, Blum M, Connell JM, Dagan R, Hansen J, et al. Fever after immunization: current concepts and improved future scientific understanding. Clin Infect Dis 2004 Aug 1;39(3):389-94.

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Bronconeumonía

Publicado el 14 de Abril del 2010 en Temas

Qué es

Qué es

Las células del cuerpo necesitan oxígeno para vivir. Cuando respiramos, el aire inspirado viaja de la nariz o la boca hasta los pulmones a través de un sistema de canales de aire llamados bronquios. Los pulmones izquierdo y derecho son órganos esponjosos protegidos por la pared costal en cada lado de la cavidad torácica. Cuando existe una neumonía o inflamación de los pulmones se produce un fluido inflamatorio que obstruye una de las secciones bronquiales (neumonía lobar o bronconeumonía) o pequeñas áreas en ambos pulmones (neumonía bronquial), alterando el intercambio de oxígeno entre los pulmones y la sangre [1] y dificultando la respiración.

Así, la neumonía bronquial es una infección de los pulmones que afecta a niños, bebés y población adulta y que puede estar producida por un gran número de gérmenes [2]. La bronconeumonía es una lesión secundaria que aparece generalmente como complicación de otra enfermedad.

Incidencia en los niños

La neumonía produce entre 40000 y 60000 consultas médicas al año. Se estima que aproximadamente un 10% de los bebés sufrirán bronquiolitis. La bronconeumonía supone el 5% de las neumonías bacterianas.

Causas

Causas

La neumonía puede estar causada por múltiples gérmenes, estos gérmenes pueden ser:

  • Bacterias:

Cuando las defensas del cuerpo están bajas por determinadas circunstancias (edad, enfermedad, malnutrición…) las bacterias que normalmente viven en nuestra boca y en la garganta se multiplican e invaden uno de los cinco lóbulos que conforman los pulmones.

El lóbulo infectado se llena de un fluido inflamatorio (pus), dificultando el intercambio normal de los pulmones con la sangre. Esta infección puede pasar al torrente sanguíneo e invadir el resto del cuerpo.

Las bacterias también pueden entrar a los pulmones a través del aire o procedentes de otros lugares del cuerpo.

Entre las bacterias, la que con más frecuencia produce este tipo de neumonía es Streptococo Pneumoniae, entre otras menos frecuentes.

Una forma frecuente en que las bacterias infectan los pulmones es por aspiración de fluidos. Esto ocurre cuando llega a los pulmones el contenido del estómago debido a que existe un trastorno en los mecanismos que regulan la forma de tragar o porque exista reflujo de ácido gástrico o vómitos.

  • Virus:

Los virus son con frecuencia adquiridos mediante la inhalación de gotitas de secreciones respiratorias suspendidas en el aire después de que alguien que padece la enfermedad estornude o tosa.

Los virus son responsables del 50% de los casos de neumonías que normalmente se resuelven de forma natural (autolimitadas).

Algunos de estos virus incluyen Influenza y Virus Sincitial Respiratorio.

  • Hongos:

El hongo que con mayor frecuencia produce neumonía es el Pneumocystis carinii, sobre todo en pacientes con otras enfermedades que debilitan las defensas del cuerpo.

  • Parásitos:

Como el ascariasis, un gusano con el cuerpo redondo, es uno de los más frecuentes en niños.

Sin embargo, en general este tipo de gérmen es muy raro como causa de una neumonía.

  • Otros:

Por ejemplo sustancias que pueden llegar a los pulmones y obstruir las vías aéreas promoviendo el crecimiento bacteriano e infectando el tejido pulmonar. Estas sustancias pueden ser:

- Comida: por defectos en los mecanismos de tragado del niño o por vómitos aspirados (por ejemplo un guisante).
- Polvo, hongos…
- Líquidos.
- Cuerpos extraños inhalados accidentalmente (como tragar una moneda o un diente).

Existen además una serie de circunstancias que facilitan o potencian la aparición de una neumonía. Estos factores son [1]:

• Infecciones virales recientes.
• Hospitalizaciones.
• Uso de antibióticos.
• Exposición al humo del tabaco.
• Edades extremas de la vida (niños y ancianos).
• Debilidad del sistema inmune o de las defensas naturales del organismo.
• Enfermedades ya existentes de tipo respiratorio, renal, cardiaco…
• Vivir en instituciones cerradas.

Síntomas

Síntomas

En general, los síntomas de la bronconeumonía son muy parecidos  a los de la neumonía común y dependen del gérmen que las produzca:

  • Bronconeumonía bacteriana:
  1. Fiebre mayor de 38.3 ºCt.
  2. Escalofríos de inicio brusco.
  3. Tos seca o productiva acompañada de un esputo de color amarillento. Esta expectoración puede ser espesa y tener  manchas de color rosado, verdoso o amarillento o contener hilos de sangre.
  4. Dolor en el pecho de tipo punzante, especialmente con los movimientos de inspiración.
  5. Respiración rápida y superficial.
  6. Respiración entrecortada, sobre todo durante la realización de ejercicio moderado.
  7. Dolores de cabeza, nauseas, vómitos, diarrea y debilidad.
  8. Dolor abdominal.
  9. Falta de energía o cansancio.
  • Bronconeumonía viral:

En general, los síntomas de este tipo de bronconeumonía son mucho más sutiles, pero similares a los producidos por una bronconeumonía de origen bacteriano [2]:

  1. Al principio el niño comienza con síntomas similares a los de un catarro común como tos seca, fiebre baja, dolores de cabeza, congestión nasal, dolor de garganta o dolores musculares.
  2. Erupción cutánea similar a la que puede aparecer en el sarampión.
  3. Tos normalmente seca, aunque a veces puede producir esputos.
  4. Dolor en el pecho, especialmente al respirar y en un solo lado.
  5. Escalofríos.
  6. Respiración entrecortada, sobre todo al realizar ejercicio físico moderado.
  7. Náuseas, vómitos o diarrea.

Hay que recordar que tanto estos síntomas como la gravedad de los mismos pueden variar en función de la edad, la condición física y la salud general del niño. Por ejemplo, en los niños que padecen asma estos síntomas pueden ser más graves.[2]

Diagnóstico

Cómo se diagnostica

Para realizar el diagnóstico de bronconeumonía en la mayoría de las ocasiones el médico se basará en la historia clínica del niño y un examen físico. Para confeccionar la historia clínica serán necesarios conocer los síntomas que presenta el pequeño, las enfermedades o alergias que pueda padecer, operaciones que haya podido sufrir, tratamientos médicos que esté realizando así como sus hábitos o viajes recientes que haya realizado.

Al examinar al niño, el médico prestará especial atención a los siguientes signos que puedan aparecer [1]:

  1. Manchas en la piel o coloración anormal (labios azulados).
  2. Aumentos en la frecuencia cardiaca y respiratoria.
  3. Cambios en la presión sanguínea.
  4. Existencia de fiebre.
  5. Disminución de la capacidad de expansión de la caja torácica o del pecho.
  6. Sonidos respiratorios ausentes o anómalos debidos a la destrucción del tejido pulmonar, estrechamiento de las vías aéreas o presencia de líquido inflamatorio en los pulmones.
  7. Cambios en el nivel de conciencia.

No obstante en ocasiones, y siempre según criterio médico, puede ser necesaria la realización de una serie de pruebas que ayuden a confirmar el diagnóstico de bronconeumonía o a descartar otras enfermedades. Estas pruebas son [1]:

  1. Análisis microscópico de las muestras de esputo.
  2. Cultivos de esputo para identificar el tipo de germen que está produciendo la infección y la sensibilidad a determinados antibióticos.
  3. Cultivos de sangre.
  4. Gasometría, prueba de sangre para conocer si llega la suficiente oxigenación a la sangre.
  5. Cultivos de secreciones faríngeas.
  6. Radiografías pulmonares, realizadas con frecuencia y que pueden mostrar la infección de uno o más lóbulos pulmonares o bien la existencia de una infección difusa por ambos territorios pulmonares.
  7. Otras pruebas radiológicas más especializadas (TAC, resonancia magnética. Raramente se utilizan a  menos que exista sospecha de una colección purulenta o como preparación a alguna intervención.

Tratamiento

Tratamientos

La bronconeumonía es una enfermedad importante que necesita ser tratada lo antes posible por un medico cualificado [2].

El tratamiento de la bronconeumonía depende de la causa que la esté produciendo. En algunas ocasiones es necesaria la hospitalización del pequeño, sobre todo en los casos en los que existe fiebre alta, respiración entrecortada o disminución del nivel de conciencia. Sin embargo, lo más frecuente es que este tipo de enfermedad pueda ser tratada desde casa y siempre bajo un estrecho control médico que asegure que el niño evoluciona hacia la mejoría.

El reposo en cama, la reposición frecuente de líquidos y los analgésicos en caso de dolor pueden ser suficientes para ayudar a mejorar la evolución de la bronconeumonía.

Si fuera necesario iniciar tratamiento con antibióticos, el médico le indicará el más adecuado en función del germen causante y de la edad del niño, entre otros factores. Es importante recordar la no indicación de los tratamientos antibióticos en el caso de las bronconeumonías producidas por virus, dada su inefectividad y la posible aparición de resistencias bacterianas a los mismos.

Una vez iniciado el tratamiento médico puede ser necesaria la realización de radiografías pulmonares posteriores para comprobar la resolución de la bronconeumonía, normalmente a las 6 o 9 semanas del inicio del tratamiento antibiótico.

Perspectivas

Perspectivas a largo plazo

Las perspectivas a largo plazo varían mucho dependiendo de factores como la edad del niño, la existencia de enfermedades previas, la causa de la bonconeumonía, etc.


Referencias:

[1] Bronchial Pneumonia. ecureme 2010. Available from: URL: http://www.ecureme.com/emyhealth/data/Bronchial_Pneumonia.asp
[2] Bronchial Pneumonia. astha-treatment 2010. Available from: URL: http://www.asthma-treatment-resources.com/bronchitis/bronchial-pneumonia.html

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Bronquitis

Publicado el 14 de Abril del 2010 en Temas

Qué es

Qué es

La bronquitis es un conjunto de síntomas producidos por la inflamación del  árbol bronquial o bronquios, que están formados por una serie de tubos huecos que llevan aire a los pulmones ([1]). Esta enfermedad afecta principalmente a los bronquios de gran tamaño y, en ocasiones, a la tráquea, de ahí que también se la llame traqueobronquitis.

La inflamación de los bronquios hace que la membrana o superficie que recubre los conductos bronquiales por dentro se hinche. Puesto que esta membrana es la encargada de producir el moco que recubre y protege nuestro sistema respiratorio, su inflamación produce un aumento excesivo de la cantidad de moco, lo que dificulta la respiración normal.

Aunque existen varios tipos diferentes de bronquitis, los dos más comunes son la bronquitis aguda y la bronquitis crónica. La bronquitis aguda puede afectar a niños y adultos mientras que la bronquitis crónica afecta principalmente a las personas adultas y raramente a los niños([2]).

La bronquitis aguda aparece con más frecuencia, y se presenta de forma brusca ocasionando síntomas severos, aunque tiene una duración menor (pocas semanas). Es más frecuente que la bronquitis crónica, de hecho, la mayoría de las personas padecen de bronquitis aguda en algún momento de su vida.

La bronquitis crónica produce una inflamación progresiva que persiste a lo largo del tiempo (desde varios meses hasta años) y puede ser leve o severa. La inflamación continua que se produce hace que los tubos bronquiales permanezcan rojos e hinchados, y con el tiempo produzcan excesiva mucosidad. Suele dar síntomas como tos crónica y dificultad al respirar durante la mayor parte de los días del mes o de los meses del año.

Incidencia en los niños

La incidencia de bronquitis aguda es difícil de precisar debido a la ausencia de criterios diagnósticos claros y su difícil diferenciación del asma. Sin embargo, esta incidencia es similar en niñas y niños. La bronquitis aguda afecta con más frecuencia a niños menores de 2 años, con otro pico de incidencia sobre los 9-15 años([3]).

En Estados Unidos, sólo en un año se han llegado a registrar 2,774,000 visitas de niños menores de 15 años con diagnóstico de bronquitis([3]). Así, la frecuencia de visitas por bronquitis es ligeramente inferior a las realizadas por otitis media o asma.

Causas

Causas

La causa más frecuente de la bronquitis aguda en los niños suele ser la infección. Esta infección puede estar producida por virus, bacterias u hongos. Sin embargo, los agentes infecciosos que con más frecuencia producen bronquitis son los virus y con frecuencia infectan durante o después de haber pasado otras infecciones respiratorias([4]). En la mayoría de los casos, estos virus que producen bronquitis son los mismos virus que causan los resfriados.

Algunas investigaciones realizadas en niños con bronquitis han demostrado que la infección por bacterias es mucho menos frecuente de lo que se creía, y muy rara vez una bronquitis aguda está causada por una infección por hongos([1]).

Para evitar estas infecciones, en el orificio de la nariz existen pequeñas vellosidades que, al respirar, filtran el polvo, polen y otras bacterias que se inhalan junto al aire. Las partículas que no son filtradas en este proceso se quedan adheridas a unas estructuras de la superficie interna que recubre la cavidad de la nariz denominadas cilios. Pero en algunas ocasiones, por alteraciones de los cilios u otros motivos, los gérmenes atraviesan estas estructuras y evaden otros sistemas de defensa de las vías respiratorias, dando lugar a la infección([4])  o lo que es lo mismo, a la bronquitis en este caso.

Otras causas menos frecuentes de bronquitis son el contacto con el humo del tabaco, polvo, vapores químicos u otros agentes contaminantes, que dañan el bronquio aumentando el riesgo de desarrollar bronquitis.

Síntomas

Síntomas

El síntoma más común de la bronquitis es la tos, que al principio es seca y molesta y que más tarde se transforma en tos con abundante mucosidad([5]).

Es frecuente también en los niños la aparición de un cuadro de catarro en los días previos al inicio de la bronquitis. Existen otros síntomas que aparecen con menos frecuencia en la bronquitis, y que cada niño puede manifestar de forma diferente. Estos síntomas son([2];[4];[5]):

  • Tos frecuente con mucosidad espesa de color blanco, amarillo o verdoso.
  • Dolor de cabeza.
  • Sensación general de estar enfermo y falta de energía.
  • Escalofríos.
  • Fiebre de intensidad variable aunque normalmente la temperatura axilar no supera los 38,5º C.
  • Dificultad al respirar, en general poco llamativa.
  • Ronquera o una sensación de opresión en el pecho al toser o respirar profundamente.
  • Ruidos graves (roncus) o agudos (pitos o sibilancias) con la respiración.
  • Goteo nasal, generalmente antes de que comience la tos.
  • Dolores musculares y de espalda.
  • Dolor de garganta.
  • Los niños más pequeños pueden incluso tener vómitos o náuseas junto a la tos.

En general, la bronquitis aguda es un trastorno leve y su curso clínico es autolimitado, es decir, mejora de forma natural. Suele durar entre 5 y 10 días y alcanzar la recuperación completa de la función respiratoria entre los 10 y 14 días siguientes al comienzo de la aparición de los síntomas([4]), aunque éstos pueden persistir entre tres y cuatro semanas más. En ocasiones, puede pasar algún tiempo hasta que los síntomas desaparezcan del todo, pudiendo quedar algunos episodios de tos seca durante más de una semana([6]).

Es importante recordar que los síntomas de la bronquitis aguda pueden parecerse a los de otras enfermedades o problemas médicos. Por ello, siempre es aconsejable consultar al médico para realizar el tratamiento correcto.

Diagnóstico

Cómo se diagnostica

Normalmente, la bronquitis la diagnostica el médico en función de un interrogatorio y un examen físico. Durante el interrogatorio el médico realiza preguntas sobre los síntomas, el estado de salud previo del niño y su familia, el tratamiento que esté realizando, o las alergias que padece, entre otras cuestiones. Mientras que en la exploración física, con un estetoscopio examina los sonidos del pecho producidos durante la respiración.

Es posible que además sea necesaria la realización de pruebas para excluir otras posibles enfermedades (por ejemplo, la neumonía o el asma) o para confirmar el diagnóstico de bronquitis. Estas pruebas pueden ser([5]):

  • Radiografía de tórax (del pecho). Es una prueba para diagnósticar enfermedades que utiliza rayos de energía invisibles para obtener imágenes de los tejidos internos, los huesos y los órganos.
  • Análisis de sangre (hemogramas o bioquímicas).
  • Pulsioximetría. Se realiza para medir la cantidad de oxígeno que hay en la sangre. Para realizar dicha medición, se coloca un pequeño sensor (como un pequeño dedal) en un dedo de la mano o del pie. El sensor no provoca dolor.
  • Cultivos de esputo (análisis de la mucosidad expectorada) u otras pruebas pulmonares.

Tratamiento

Tratamientos

Normalmente, la bronquitis se resuelve por sí sola, aunque la tos podría durar varios días o semanas. Sin embargo se aconsejan una serie de medidas que pueden acelerar la recuperación y mejorar la sintomatología. Estas recomendaciones son([2];[6]):

  • Beber líquidos con frecuencia.
  • Hacer reposo.
  • Evitar cambios bruscos de temperatura.
  • Dormir semiincorporado (con la cabecera algo más elevada que los pies de la cama).
  • Evitar el polvo, el humo u otros agentes contaminantes.
  • Puede ser beneficioso respirar aire húmedo y recibir masajes en el pecho y la espalda.

El tratamiento con medicamentos para la bronquitis será determinado por un profesional médico, basándose en los siguientes parámetros([5]):

  • la edad del niño, su estado general de salud y sus antecedentes médicos
  • la gravedad de la enfermedad
  • la tolerancia del niño a determinados medicamentos o terapias
  • las expectativas para la evolución de la enfermedad

El tratamiento médico sirve principalmente para aliviar los síntomas y puede incluir lo siguiente([5]):

  • Analgésicos, como el paracetamol, para aliviar la fiebre y el malestar general.
  • Medicamentos para disminuir la tos. Es importante saber que, en la mayoría de los casos, no es conveniente tomar este tipo de medicamentos, ya que al impedir la tos, facilitan la acumulación de secreciones y pueden llegar incluso a empeorar la dificultad respiratoria.
  • En algunos casos, y siempre bajo criterio médico, la bronquitis aguda puede tratarse con broncodilatadores. Estos medicamentos generalmente son administrados a través de inhaladores o nebulizadores para ayudar a relajar y abrir los conductos bronquiales y eliminar las mucosidades para que sea más fácil respirar.
  • En la mayoría de los casos de bronquitis, los antibióticos no son eficaces. Dado que la principal causa de las bronquitis son las infecciones por virus, los antibióticos no ayudan, porque no actúan sobre los virus. Además, tomar antibióticos cuando no es necesario puede ser perjudicial, al crear gérmenes más resistentes a los tratamientos de los que disponemos([6]).

Perspectivas

Perspectivas a largo plazo

En general, la bronquitis aguda es un trastorno leve y su curso clínico es autolimitado, es decir, mejora de forma natural. Suele durar entre 5 y 10 días y alcanzar la recuperación completa de la función respiratoria entre los 10 y 14 días siguientes al comienzo de la aparición de los síntomas([4]), salvo en raras ocasiones en las que surgen complicaciones. Con menos frecuencia, puede pasar algún tiempo hasta que los síntomas desaparezcan del todo, pudiendo quedar algunos episodios de tos seca durante más de una semana([6]).

La bronquitis es una causa frecuente de ausentismo escolar.

Referencias:

[1]Kelli RB. Bronquitis Aguda. Family doctor org, Health Information for whole family 2006. Available from: URL: http://familydoctor.org/online/famdoces/home/common/infections/common/mulitsource/677.html

[2]Bronquitis. AEPAP 2009. Available from: URL: http://www.aepap.org/familia/bronquitis.htm#uno

[3]Bronchitis, acute y chronic. emedicine from webMD 2009. Available from: URL: http://emedicine.medscape.com/article/1001332-overview

[4]Chidekel MD. Bronquitis. Teens Health from Nemours 2007. Available from: URL: http://kidshealth.org/teen/en_espanol/enfermedades/bronchitis_esp.html

[5]La Bronquitis Aguda. University of Virginia 2004. Available from: URL: http://www.healthsystem.virginia.edu/uvahealth/peds_respire_sp/bronchit.cfm

[6]Bronquitis aguda. Washington State Departament of Health Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, Academia Estadounidense de Médicos Familiares y Healthwise 2009. Available from: URL: http://here.doh.wa.gov/materials/antibiotic-resistance-education-fact-sheet-bronchitis/?searchterm=BRONCHITIS

[7]Bronchitis. Cleveland clinics 2010. Available from: URL: http://my.clevelandclinic.org/es_/disorders/bronchitis/hic_bronchitis.aspx

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