Qué es
El tabaquismo es una enfermedad adictiva crónica que se inicia antes de los 18 años de edad en más del 80% de los casos. Es la primera causa de enfermedad, invalidez y muerte evitables en España. Se trata de un grave problema de salud pública con características de epidemia, teniendo en cuenta su rápida expansión desde los años 50 del siglo XX hasta hoy.
El tabaquismo es una enfermedad pediátrica, aunque sus principales consecuencias se manifiesten en la edad adulta o incluso en la vejez.
Incidencia en los niños.
En España la edad media de inicio al consumo de tabaco está en los 13.2 años. La edad media de consumo de tabaco diario es de 14.5 años. El 60.4% de los adolescentes entre 14 y 18 años ha consumido tabaco alguna vez [1].
Se ha estimado que a los 15 años fuma diariamente el 20% de la población mundial.
Causas
Desde su descubrimiento en 1492 el consumo de tabaco se fue extendiendo por todas las culturas, sin distinción de clases sociales. Tras un uso en un principio con fines mágicos y medicinales y posteriormente como fuente de placer y distinción social, pasó a generalizarse su consumo, convirtiéndose en un negocio a gran escala. Su gran expansión en el siglo XX coincidió con cambios económicos propios de la industrialización que abarató la fabricación y distribución de los productos del tabaco, junto con importantes campañas de publicidad de las compañías tabaqueras, en ausencia de medidas reguladoras.
No obstante, la causa por la que la costumbre de fumar se ha extendido tanto es una sustancia psicoactiva contenida en el tabaco: la nicotina. Es una droga no sólo adictiva sino también tóxica. Su poder de adicción es aún más fuerte que la heroína o la cocaína.
Ser fumador pasivo en la infancia supone un factor de riesgo para convertirse en adolescente fumador independientemente de otras variables que también influyen, como el sexo, estado socioeconómico y hacinamiento en el hogar, número de hermanos, número de fumadores convivientes y el que los padres aprueben la conducta de fumar.
Las razones que explican el inicio del consumo de tabaco entre niños y jóvenes son: la presión de amigos e iguales, el tabaquismo de padres y hermanos, la publicidad, los bajos precios de las labores del tabaco (hay presentaciones de menor número de cigarrillos, más baratas, destinadas expresamente a los jóvenes), el cine, la televisión y otros medios que presentan el consumo de tabaco como una acción placentera llena de atractivo y que se acompaña de éxito personal. Experimentar nuevas sensaciones y experiencias, transgredir normas e imitar conductas propias de los adultos suponen además un aliciente a favor de la conducta de fumar.
Si no se empieza a fumar en la adolescencia es poco probable que se haga en edades posteriores. Asimismo, la probabilidad de que los adultos dejen de fumar es menor mientras más temprana es la edad de inicio del tabaquismo.
El humo de tabaco está reconocido como un importante contaminante medioambiental y un potente tóxico. En él se han hallado más de 5000 compuestos químicos en forma de gases y partículas. Entre las partículas se encuentra el alquitrán, compuesto a su vez por muchas moléculas de la familia de los hidrocarburos policíclicos como el benceno y el benzopireno, y la nicotina. En forma gaseosa se encuentran entre otros el monóxido de carbono, el amoniaco, el formaldehido, el acido cianhídrico y la acroleína. Más de 250 de estos compuestos son tóxicos demostrados, potentes irritantes. Más de 60 son carcinógenos humanos conocidos y confirmados (Grupo 1 de la clasificación de productos carcinógenos para humanos de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer IARC) o probables (grupos 2ª, 2B y 3 de la IARC). [2]
Síntomas
Cuando los adolescentes hacen sus primeros intentos de fumar, por una parte sienten efectos desagradables, como mareos, náuseas y vómitos, pero por otra a nivel psíquico y social se sienten recompensados, lo cual les incita a la repetición de la conducta. Cuando el consumo se hace regular aparece una habituación hasta que entra en la fase de adicción, en la cual necesita el aporte regular de nicotina. Se calcula que la dependencia física a la nicotina aparece tras haber fumado unos 100 cigarrillos, aunque la dependencia psicológica puede aparecer mucho antes.
La nicotina llega al cerebro en tan sólo 7 segundos tras su inhalación, produciendo su efecto psicoestimulante. Ninguna otra droga, ni siquiera administrada por vía intravenosa, llega con tanta rapidez al sistema nervioso central y es por ello que tiene gran capacidad adictiva: produce el máximo efecto en el menor tiempo. Como otras drogas, tras las primeras dosis aparece el fenómeno de la tolerancia: para conseguir el mismo efecto se precisa aumentar la cantidad de nicotina inhalada. También aparece el fenómeno de dependencia y el fumador continúa fumando no sólo por los efectos psicoactivos de la nicotina sino también para evitar los efectos negativos de la carencia de la misma.
Los síntomas respiratorios inmediatos tras el inicio del consumo de tabaco en el niño y adolescente son: infecciones recurrentes de vías respiratorias altas y bajas con tos persistente, obstrucción bronquial recurrente, retraso del crecimiento de la función pulmonar y mayor gravedad de las crisis en asmáticos.
Los efectos sobre el sistema cardiovascular son: aumento de la tensión arterial, taquicardia, descenso de la vitalidad y tolerancia al ejercicio, vasoconstricción coronaria y aumento del riesgo de trombosis.
El tabaco tiene un efecto multiplicador de los riesgos cardiovasculares de los anticonceptivos orales.
Sobre las grasas en sangre se observa un aumento de triglicéridos y colesterol LDL con un descenso de colesterol HDL, es decir, se aumentan las grasas que se depositan en el interior de las arterias contribuyendo a la arterioesclerosis.
Otros efectos son la adicción, la depresión inmunitaria, el aumento de absentismo escolar, disminución del rendimiento deportivo, disminución de la fertilidad, envejecimiento de la piel con sequedad cutánea y aparición de arrugas y manchas vasculares en el rostro, manchas en el esmalte dentario y halitosis.
Pero los efectos más serios se producirán después de 20 o más años del inicio del consumo. El tabaquismo es causa reconocida de 29 enfermedades, entre ellas 10 tipos distintos de cáncer. De ellas hay que destacar: la bronquitis, el cáncer de pulmón, la cardiopatía coronaria, el cáncer de esófago, de vejiga, de cavidad bucal y de laringe.
Más de 50.000 personas mueren al año en España debido al consumo de tabaco. Los que iniciaron el hábito de fumar en la adolescencia y continuaron fumando posteriormente perdieron una media de 16 años de vida.
Cómo se diagnostica
La dependencia a la nicotina es una enfermedad bien definida que está presente en la mayoría de los fumadores habituales. No obstante también hay una menor proporción de fumadores que son meros consumidores habituales y no reúnen los requisitos para el diagnóstico de dependencia ni presentan síndrome de abstinencia.
Para evaluar el grado de dependencia a la nicotina se utiliza comúnmente el cuestionario de Fagerström. Existe un Test de Fagerström modificado adaptado para adolescentes. (Ver “Saber más”).
Para el seguimiento del proceso de dejar de fumar se utiliza un medidor de monóxido de carbono en el aire espirado o coxímetro. Al reducir el número de cigarrillos que fuma, el fumador pude comprobar cómo disminuye la proporción de monóxido de carbono exhalado, lo cual sirve como refuerzo positivo a la conducta de no fumar.
Tratamientos
La prevención del tabaquismo en adultos tiene como primer objetivo reducir el número de adolescentes y jóvenes que inician el consumo y retrasar al máximo la edad de comienzo. Las intervenciones para conseguirlo pasarían por medidas legislativas y políticas, actuaciones en el ámbito de la familia y de la escuela e intervenciones desde el ámbito sanitario.
Con la Ley de medidas sanitarias frente al tabaquismo y regulación de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco que entró en vigor en España el 1 de Enero de 2006 [3] se ha conseguido limitar la disponibilidad con la que los menores tenían acceso a la dispensación de cigarrillos, como en máquinas expendedoras sin control o en tiendas de golosinas.
La conducta de fumar es un proceso en el que el fumador va pasando por varias etapas. Los adolescentes que empiezan a fumar no temen las consecuencias del tabaquismo porque aunque las conozcan, son a largo plazo y saben que un solo cigarrillo no puede hacerles daño. La mayoría no tienen intención de hacerse adictos al tabaco y sobre todo piensan que pueden dejarlo en cualquier momento. Tienen unas expectativas relacionadas con el fumar y creen en la utilidad de hacerlo. Son fumadores consonantes.
El tratamiento del tabaquismo se basa en primer lugar en hacer que el fumador pase a la siguiente etapa: la de fumador disonante, que no está contento con su conducta de fumar y quiere abandonarla. Sucesivamente irá pasando a las siguientes fases: preparación para el abandono, acción y mantenimiento como no fumador. La dificultad para el abandono dependerá del grado de adicción a la nicotina y de la intensidad de la motivación para dejar el tabaco.
La mayoría de los fumadores hacen varios intentos fallidos de dejar de fumar, con lo cual pueden pasar varias veces por las distintas etapas en el proceso de dejar de fumar.
Un amplio porcentaje de adolescentes fumadores (más del 60%) tiene interés en dejar de fumar y más del 50 % ha hecho intentos en el último año. Las tasas de abandono espontáneas en este grupo son muy bajas (del 3 al 7%).
Las intervenciones que mejores resultados han obtenido en adolescentes son las intervenciones grupales realizadas en centros educativos, que utilizan técnicas cognitivo-conductuales y motivacionales. En España el proyecto europeo ASCEPIS (Adolescent Smoking Cessation Proyect In Spain) ha obtenido unos resultados con tasas de abandono del 18% a los 6 meses y del 12% al año. Estos resultados han sido mejorados en centros educativos andaluces donde además estaban adscritos al programa “A no fumar, ¡me apunto!” y al programa “Forma joven” de las Consejerías de Educación y de Sanidad, con estrecha colaboración entre el sistema educativo y el sistema sanitario.
En casos de adolescentes con dependencia nicotínica alta puede considerarse la utilización de terapia de sustitución con nicotina, siempre bajo supervisión médica. El tratamiento debe ser individualizado en función del grado de dependencia, del número de cigarrillos que fuma y del peso. La forma de utilización más recomendada en estas edades es el chicle de nicotina.
Otros tratamientos farmacológicos (bupropion, varenicline) están contraindicados en menores de 18 años.
Perspectivas a largo plazo
Se calcula que en todo el mundo cada día empiezan a fumar entre 82000 y 99000 jóvenes; muchos de ellos son niños menores de 10 años y la mayoría vive en países de ingresos bajos y medios. Actualmente hay casi mil millones de hombres y 250 millones de mujeres que fuman en el planeta. Siguiendo el ritmo de crecimiento, el número de fumadores aumentará a 1600 millones en todo el mundo en los próximos 25 años. [4]
Descárgate el “Test de Fagerström modificado adaptado para adolescentes”
Algunos artículos donde encontrarás más información:
Los adolescentes que viven en un entorno sin tabaco tienen menor riesgo de fumar
En niños y adolescentes la dependencia nicotínica se establece casi simultánea al inicio de consumo de tabaco
¿Cómo afecta el monóxido de carbono al fumandor pasivo y activo?
¿Son más seguros los cigarrillos “light”?
Bibliografía:
[1] Ministerio de Sanidad y Consumo. Plan Nacional sobre Drogas. Encuesta estatal sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias 2004. http://www.msc.es/pnd/Observa/pdf/escolar2004.pdf
[2] International Agency for Research on Cancer. IARC Monographs on the evaluation of carcinogenic risks to humans. Volumen 89: Smokeless Tobacco and Some Tobacco-specific N-nitrosamines (2007). Volumen 83: Tobacco Smoke and Involuntary Smoking (2004). http://monographs.iarc.fr.
[3] Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco. (BOE 309 de 27/12/2005) http://www.boe.es/boe/dias/2005/12/27/pdfs/A42241-42250.pdf
[4] Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2010;88:2-2. http://www.who.int/bulletin/volumes/88/1/09-069583/es/index.html
[5] Bernat DH, Erickson DJ, Widome R, Perry CL, Forster JL. Adolescent smoking trajectories: results from a population-based cohort study. J Adolesc Health. 2008;43:334-40.
[6] Gervais A, O’Loughlin J, Meshefedjian G, Bancej C, Tremblay M. Milestones in the natural course of onset of cigarette use among adolescents. CMAJ. 2006; 175: 255-61.
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Tags: adicción, Contaminación, embarazo, enfermedad respiratoria, fumar, humo, nicotina, tabaco, tabaquismo, vías respiratorias





