En cuanto llega el invierno, se multiplican los virus respiratorios. Y con ellos, las infecciones de los más pequeños y las preocupaciones de madres y padres. Hemos hablado con dos de las doctoras de nuestro equipo médico, Herminia Villena y Sandra González, para que nos explicaran qué son estos virus, si hay forma de prevenirlos y cómo actuar cuando ya se ha producido el contagio.
Los virus respiratorios, microbios indestructibles
Los virus son, junto a las bacterias, los hongos y otras partículas, los microbios responsables de las infecciones. Pero así como los antibióticos nos permiten luchar contra la mayoría de las bacterias, en el caso de la mayoría de los virus hoy por hoy casi no contamos con tratamientos eficaces que los destruyan. Además, se multiplican muy fácilmente, y sufren mutaciones que les permiten sobrevivir, como en el caso de los virus de la gripe. Así que son prácticamente indestructibles.
Nos tienen rodeados
Los virus se transmiten muy fácilmente de persona a persona, y son muy contagiosos. El periodo de incubación depende del tipo de virus: muy corto en el caso del catarro o la gripe común, o muy largo como el de la hepatitis. Causan enfermedades muy diversas: un mismo virus puede provocar desde un poco de mucosidad a una neumonía. Y diferentes virus pueden causar los mismos síntomas. Por eso es tan difícil diagnosticarlos con precisión.
A los virus les gusta el frío
Los virus viven mejor en un ambiente frío, que les permite sobrevivir más y, por tanto, causar más contagios. Además, los cambios de temperatura debilitan las defensas del organismo humano, y por eso los niños y niñas –y los adultos- son más propensos a contraer virus en invierno. A eso hay que añadir que cada infección que se pasa también disminuye las defensas; de ahí que sea tan frecuente contraer un nuevo virus cuando se acaba de pasar otro, e ir encadenándolos.
¿Se pueden prevenir?
Es prácticamente inevitable contraer los virus, sobre todo en colegios y guarderías. Pero hay algunas medidas que pueden ayudar a prevenirlos y, sobre todo, a impedir que se compliquen los síntomas.
- Hay que tener mucho cuidado con los cambios de temperatura, y evitar estar expuestos mucho tiempo al frío: es recomendable abrigar a niños y niñas, pero sin exageración.
- También es muy importante una buena higiene de manos, que son una de las vías de contagio indirecta –la directa es la saliva- más frecuentes, sobre todo cuando se está en contacto con bebés.
- Hay que seguir una dieta rica y sana que incluya zumos de frutas naturales, para proporcionarle vitamina C al organismo.
- Debe mantenerse un ambiente bien ventilado, y evitar totalmente el humo del tabaco, que aumenta la reactividad bronquial y la frecuencia de bronquitis derivadas de las infecciones.
Que no cunda el pánico
A pesar de las precauciones que se tomen, lo habitual será contraer algún virus respiratorio a lo largo del invierno. Y hay que tener claro que, en la mayoría de los casos, no será necesario un tratamiento, sino dejar que las propias defensas hagan su trabajo, y en 48 o 72 horas empezará a notarse una gran mejoría. De entrada, es importante beber líquidos abundantes (incluyendo zumos naturales) y seguir una dieta sana y fraccionada: comidas más veces al día pero en poca cantidad para no sobrecargar al sistema digestivo mientras existe dificultad para respirar. Y sin forzar a comer.
Aunque los virus como tales no se pueden tratar, sí que se puede actuar contra los síntomas.
- La fiebre es variable de un virus a otro, y de una persona a otra, y por sí sola no indica la gravedad de la infección. Hay que usar antitérmicos cuando se superan los 37,5 o 38 grados. Pero si es alta durante más de tres o cuatro días seguidos, hay que acudir al centro de salud.
- No hay que administrar antibióticos sin un diagnóstico claro, porque de hecho pueden enmascarar posibles complicaciones. Una de las más frecuentes es la neumonía, que aparece en los días posteriores a la infección, pero si se han usado antibióticos, no se detectará adecuadamente.
- A menos que presenten una tos muy frecuente, no se recomiendan los antitusígenos, sobre todo en los bebés, porque al fin y al cabo la tos es una defensa del organismo.
- En el caso de los lactantes menores de un año hay que vigilar la posible evolución hacia la bronquiolitis, y acudir al pediatra si se detecta dificultad para respirar, no sólo por la nariz, sino en el pecho: si se hunden las costillas y se marca mucho la barriguita, indica que están utilizando la musculatura auxiliar para respirar.
- También hay que ir a la consulta en el caso de menores de tres meses, y cuando se trata de niños y niñas con enfermedades crónicas, o si se detectan otros síntomas, como manchas en la piel, que pueden ser signo de otras patologías.
El aislamiento es fundamental: virus y colegio deben ser incompatibles. No está contraindicado salir un poco a la calle a tomar el aire, pero hay que evitar los cambios bruscos de temperatura y el contacto con otros niños y niñas.
Los virus nos hacen más fuertes
En cualquier caso, en unos días habrá pasado la infección. El cuerpo habrá fabricado defensas que fortalecen el sistema inmunitario y habrá vencido a los microbios.
Y es que vencer a los virus nos hace más fuertes.
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