Obesidad

Qué es

Qué es

La obesidad infantil podría decirse que es la nueva epidemia social.

La obesidad es un trastorno nutricional consistente en un incremento excesivo del peso corporal, realizado a expensas de la grasa y en menor proporción  del tejido muscular y masa esquelética.

Se puede definir como la forma más frecuente de malnutrición en los países desarrollados, apareciendo cuando la ingesta de alimentos energéticos supera el gasto de energía y por tanto, se almacena en el organismo en forma de tejido graso que, en los niños, tiene lugar sobre todo a nivel subcutáneo, mientras que en los jóvenes y adolescentes, al igual que en los adultos, se depositan más las grasas a nivel intra-abdominal, patrón que se asocia con mayor riesgo de trastornos metabólicos.

El niño con sobrealimentación excesiva, o mejor dicho, con un disbalance energético a favor de mayor consumo de alimentos energéticos con relación al gasto, tiene una probabilidad del 60-80% de ser obeso cuando sea adulto. Después de los 3 años de vida la obesidad infantil se asocia con un mayor riesgo de obesidad en adultos y con un aumento de enfermedades metabólicas (diabetes, hipertensión, síndrome metabólico), que a su vez se asocian a aumento de riesgo cardio-vascular y de algunos tipos de cáncer [1];[2].

También la obesidad en niños y adolescentes puede relacionarse con trastornos endocrinos como déficit de hormona del crecimiento [2], problemas ortopédicos que se acompañan de alteraciones en la movilidad física e inactividad; trastornos en la respuesta inmune con aumento de la susceptibilidad a infecciones; reducción de la cicatrización de heridas e infecciones y problemas respiratorios nocturnos  e incluso apnea del sueño [3].

También hay que hacer referencia a las consecuencias psicosociales de la imagen física para el niño obeso, que pueden ser tan importantes e incluso más que las físicas: baja autoestima, aislamiento social, discriminación y patrones anormales de conducta [4].

Por todo ello, la edad escolar y la adolescencia son unas etapas cruciales para determinar los hábitos alimentarios y otros estilos de vida que persistirán en etapas posteriores, con repercusiones no sólo en esta etapa en cuanto al posible impacto como factor de riesgo, sino también en la edad adulta.

Incidencia en los niños

El fenómeno de la obesidad en la población infantil y juvenil (2-24 años) en España se sitúa ya en el 13,9%, y la de sobrepeso, está en el 12,4%. En conjunto, el sobrepeso y la obesidad suponen un 26,3 %. Entre 1985 y el año 2000 el número de niños obesos casi se ha triplicado [5]. El importante incremento de los últimos años se debe sobre todo a los malos hábitos alimenticios y al sedentarismo.

En este grupo de edad la prevalencia de obesidad es superior en varones (15,6%) que en mujeres (12%). Las mayores cifras se detectan en la prepubertad y, en concreto, en el grupo de edad de 6 a 12 años, con una prevalencia del 16,1%.

Comparado con el resto de países europeos, España se sitúa en una situación intermedia en el porcentaje de adultos obesos. Sin embargo en lo que se refiere a la población infantil, nuestro país presenta una de las cifras de obesidad más altas, sólo comparables con otros países mediterráneos.

También parece existir una mayor relación de la obesidad y el sobrepeso con niveles socio-culturales bajos [5].

Causas

Causas

Básicamente se resumen en:

  • Cambios en la dieta.
  • Cambios en el estilo de vida.
  • Factores genéticos (en menor cuantía).

Nuestro país ha sufrido grandes cambios en las últimas décadas, que han repercutido drásticamente en la manera de alimentarse de nuestros ciudadanos y por lo tanto también en la manera de alimentar a nuestros niños. España ha experimentado lo que se denomina una “transición nutricional”. Se trata de una secuencia de modificaciones en la alimentación, tanto cuantitativas como cualitativas, relacionadas con cambios económicos, sociales, demográficos y con factores de salud.

Las dietas tradicionales han sido reemplazadas por otras con un mayor contenido energético, es decir con más grasa, principalmente de origen animal (embutidos, carnes rojas, carnes procesadas como hamburguesas comerciales o salchichas) y más azúcar añadido en los alimentos (refrescos azucarados, bollería industrial), unido a una disminución de la ingesta de carbohidratos complejos y de fibra (legumbres, pescados, frutas y verduras).

Estos cambios alimentarios se combinan con cambios de conductas que suponen una reducción de la actividad física en el trabajo y durante el tiempo de ocio. Nuestros niños prefieren juegos y entretenimientos sedentarios tipo ordenadores o televisión, que consumen pocas calorías de las ingeridas.

Por tanto, la obesidad también es consecuencia de la inactividad física que en las últimas décadas se ha agudizado entre la población infantil y juvenil, aumentando el número de horas que el niño y adolescente dedica a jugar con ordenadores y videojuegos. Los datos actuales muestran que los niños españoles pasan una media de 2 horas y 30 minutos al día viendo televisión y entre media y una hora adicional jugando con videojuegos o conectados a Internet.

El resultado final es un balance de energía crónicamente positivo, que se va acumulando, año tras año, en forma de grasa.

En cuanto a los factores genéticos que indudablemente son importantes y están presentes en la obesidad, clásicamente está establecido que si ambos padres son obesos el riesgo para la descendencia será de 69 a 80%; cuando sólo uno es obeso será 41 a 50% y si ninguno de los dos es obeso el riesgo para la descendencia será sólo del 9%.

Se ha demostrado que mecanismos neurohormonales, epigenética, y microbiológicos pueden influir en el riesgo para la obesidad mediante la interacción con factores socioambientales [8].

Sin embargo, no podemos decir que el aumento rápido y manifiesto de la prevalencia de sobrepeso y obesidad experimentadas en las dos últimas décadas en nuestra sociedad, pueda ser atribuido a factores hereditarios. El genoma humano no ha cambiado tan rápidamente pero sí nuestros hábitos de vida y de alimentación.

Estos hábitos se inician a los tres o cuatro años y se establecen a partir de los once, con una tendencia a consolidarse a lo largo de toda la vida. Por eso, la infancia, es un periodo crucial para actuar sobre la conducta alimentaria y los hábitos de vida no sedentarios, ya que las costumbres adquiridas  en esta etapa van a ser determinantes del estado de salud del futuro adulto.

Ver Tablas 1 y 2 en “Saber más”

Ver Figura 3 en “Saber más”

Errores en la alimentación del niño que favorecen la obesidad:

Errores en la alimentación del niño que favorecen la obesidad

Diagnóstico

Cómo se diagnostica

Los diferentes Comités de Pediatría y Nutrición recomiendan utilizar el Índice de  Masa Corporal (IMC) como el parámetro que mejor define la obesidad infanto-juvenil.

La OMS define el estado nutricional según el IMC, independientemente de la edad y el sexo, como la relación entre el peso y la talla del individuo considerando obesidad cuando es  ≥30 kg/m2 y sobrepeso si el IMC es ≥ 25 kg/m2 [6]. (Ver la tabla 3 en “Saber más”).

Se calcula según la expresión matemática:

masa (kg)/estatura2 (m)

Considerando la edad y el sexo, se define la obesidad infanto-juvenil cuando el IMC es superior a + 2 DE para la edad y sexo o por encima del percentil 97.

Por otro lado, sobrepeso se considera un IMC superior al percentil 85 (+1 y +2 DE). (Ver las figuras 1 y 2 en “Saber más”).

Tratamiento

Tratamientos

Las acciones terapéuticas deberán iniciarse en el momento de identificar un problema de sobrepeso. El abordaje terapéutico del niño con obesidad en el primer nivel de atención debe ser preventivo dirigido a la modificación del estilo de vida y a mejorar el patrón de alimentación.

Los objetivos de la alimentación del niño son asegurar un crecimiento y desarrollo adecuados y fomentar hábitos alimenticios saludables en la infancia que perdurarán en la vida adulta.

Por tanto, los pilares en el tratamiento de la obesidad infantil son tres:

  • Dieta.
  • Fomentar el ejercicio físico.
  • Cambios en los hábitos de vida de toda la familia.

La familia es pieza fundamental para fomentar estos hábitos. Las influencias precoces en la alimentación condicionan las preferencias futuras. Si la familia no acostumbra a comer fruta y verduras, el niño está claro que no las comerá. Si la familia come bollería y comidas ricas en grasas, eso es lo que ofrecerá al niño y condicionará su hábito alimenticio durante toda su vida.

Los consejos nutricionales son, por tanto, para toda la familia y sobre todo para aquel miembro de la familia que se encargue de la cesta de la compra. Si no queremos que el niño coma bollería, no deberemos comprarla, y así con lo demás productos no aconsejables. Si queremos que coma verduras y fruta debe ser un alimento presente en nuestra mesa y los adultos  practicar con el ejemplo.

Debemos insistir en que la comida, al menos la que toma en familia, sea un momento de placer, que se desarrolle en un ambiente de calma, tranquilidad y que eviten la monotonía.

Ningún alimento puede decirse que es bueno o malo. Consumido con moderación puede incluirse en una dieta saludable.

Por otra parte, resulta indispensable que el niño/joven esté debidamente consciente de su problemática y de sus implicaciones futuras a fin de lograr modificaciones en sus hábitos y rutinas. Eventualmente puede requerirse apoyo psicológico para reforzar este concepto.

En cuanto a la cantidad de comida que el niño debe ingerir, deben saber los padres que los lactantes y los niños pequeños poseen capacidad para ajustar el aporte alimenticio que necesitan en función del contenido energético de los alimentos que se le están ofreciendo. Es decir, si les ofrecemos alimentos muy energéticos necesitarán tomar menos cantidad, y viceversa. Por eso motivo nunca debe forzarse la alimentación, lo único que conseguiríamos es que el niño pequeño rechace posteriormente ese alimento.

Los padres deben respetar también la inapetencia transitoria que el niño tiene en el transcurso de una enfermedad banal, esto forma parte de la capacidad de regulación que posee el niño para mantenerse sano.

Forzar sistemáticamente para que el niño coma mayores cantidades o que se termine el plato que hemos servido generosamente nos llevará a que lo acabe aborreciendo, que la comida se alargue demasiado y que sea un suplicio para todos.

Deberemos, también, tener en cuenta la edad del niño y sus necesidades energéticas, por término medio, niños de edades inferiores a 6-7 años tendrán unas necesidades energéticas inferiores a 1.600 kcal/día.

Niños de edades comprendidas entre los 8-10 años y el inicio de la pubertad tendrán unas necesidades energéticas de 1.800-2.300 kcal/día.

Y durante el desarrollo puberal y en los adolescentes las necesidades energéticas aumentaran a  2.500-3.000 kcal/día.

Cuando los niños reciben alimentos en contextos sociales positivos, por ejemplo una fiesta de cumpleaños, una reunión familiar, aumentan sus preferencias por estos alimentos y, curiosamente, cuando se obliga a los niños a comer para obtener un premio tienden a reducir sus preferencias por esos alimentos. Por ese motivo el niño rechaza precisamente los alimentos que los padres creen que deben ser consumidos en mayor cantidad.

Aconsejemos a crear no un clima de celebración perenne, pero sí una atmósfera positiva en torno a las comidas tomadas en familia sobre todo. De esta forma, el niño aceptará una mayor diversidad de alimentos y tenderá a una alimentación mejor equilibrada.

En cuanto al ejercicio físico es de vital importancia la práctica de una actividad física regular y supervisada. El tipo de ejercicios será preferentemente aeróbico y de exigencia creciente: caminata, bicicleta, natación. Se prefiere que la actividad sea de una frecuencia diaria, y que resulte atractiva para el niño/joven.

Fracasos en los métodos de alimentación:

Los padres, guiados en su afán de nutrir al niño lo mejor posible para conseguir un hijo sano, cometen errores de técnica en la alimentación.

Vamos a reflejar los errores más importantes y frecuentes que conducen al fracaso en la alimentación según Illingworth:

  • Distracción: mientras el niño esta distraído con la televisión, la lectura de un cuento, jugando o, el caso más extremo, perseguirlo por la casa para que coma.
  • Persuasión: hacerle comer para que se cumpla un deseo o recibir algún beneficio.
  • Chantaje: comer para conseguir premios tangibles (juguetes, dinero, tiempo libre, TV, etc.).
  • Amenazas que además no se cumplirán jamás y tienen nula repercusión.
  • Obligarle a comer a la fuerza tapándole la nariz, obligándole a abrir la boca
  • Comer a la carta eligiendo menús de posibilidades, lo que probablemente desembocará en comer siempre lo mismo (pastas, salchichas…).
  • Picar entre horas, comer entre comidas, con lo que obviamente modificará su apetito y llegará sin hambre a la hora de comer una comida equilibrada y en el momento adecuado.

Resumen con algunos consejos para que los niños coman bien:

  • Aumentar la actividad física y que los padres prediquen con el ejemplo.
  • Comidas en familia estableciendo tiempos cortos.
  • Dar a los niños las cantidades justas.
  • Presentarles los alimentos de forma apetecible.
  • Ofrecer poca comida en platos grandes.
  • No forzar la alimentación y no dar premios.
  • Que los padres conozcan los grupos de alimentos imprescindibles.
  • Ser indulgente y establecer prioridades.
  • Importancia de la primera comida del día, el desayuno, para prevenir la obesidad infantil. [7]

Empleo de fármacos:

  • El sobrepeso y la obesidad por sí mismos no requieren tratamiento farmacológico.
  • Los niños y adolescentes obesos que presentan alteraciones metabólicas secundarias pueden ser manejados con tratamiento farmacológico, pero éste debe ser decidido y vigilado por un médico especializado.

Actualmente sólo está comercializado un fármaco con indicación aprobada para el tratamiento de la obesidad infantil, y sólo para niños mayores de 12 años de edad.

La indicación del tratamiento farmacológico de la obesidad no debe utilizarse como terapia aislada, sino de forma complementaria a las terapias básicas de reeducación alimentaria, actividad física y cambios en el estilo de vida.


Perspectivas

Perspectivas a largo plazo

La obesidad infanto-juvenil constituye un mal epidémico que compromete seriamente la calidad de vida presente y futura de las nuevas generaciones.

Es importante destacar que, de acuerdo a los resultados de estudios de seguimiento, los niños que son obesos a la edad de 6 años tienen un 25% de probabilidad de ser obesos cuando sean adultos y en los que son obesos a los 12 años, esta probabilidad aumenta al 75%.

De aquí la importancia del abordaje oportuno de esta problemática, a fin de promover una mejor calidad de vida futura.

Saber +

Saber más

Cambios del IMC con la edad de las niñas españolas

Figura 1: Cambios del IMC con la edad de las niñas españolas. *

Cambios del IMC con la edad de los niños españoles

Figura 2: Cambios del IMC con la edad de los niños españoles.*

* Se señalan los valores correspondientes a los percentiles más relevantes en la práctica clínica.

Pirámide nutricional recomendada en el niño

Figura 3: Pirámide nutricional recomendada en el niño.

Tabla 1: Factores protectores frente a la obesidad infantil en España (estudio enKid, 5)
Peso al nacer < 3.500 g
Lactancia materna
Ingesta de grasa < 35%
Consumo moderado de bolleria, refrescos y embutidos
Consumo adecuado de frutas y verduras
Actividad moderada (< 2h de TV / día)
Práctica deportiva habitual (>2 días / semana)
Tabla 2: Factores asociados a la obesidad infantil en España (estudio enKid, 5)
Peso al nacer >3.500g
No lactancia materna
Ingesta de grasa >38%
Consumo alto de bollería, refrescos y embutidos
Consumo bajo de frutas y verduras
Actividades sedentarias (> 3 h TV/día)
No prácticas deportivas
Tabla 3: Clasificación de la OMS del estado nutricional de acuerdo con el IMC
Clasificación IMC (kg/m2)
Valores principales Valores adicionales
Infrapeso <18,50 <18,50
Delgadez severa <16,00 <16,00
Delgadez moderada 16,00 – 16,99 16,00 – 16,99
Delgadez aceptable 17,00 – 18,49 17,00 – 18,49
Normal 18,50 – 24,99 18,50 – 22,99
23,00 – 24,99
Sobrepeso ≥25,00 ≥25,00
Preobeso 25,00 – 29,99 25,00 – 27,49
27,50 – 29,99
Obeso ≥30,00 ≥30,00
Obeso tipo I 30,00 – 34,99 30,00 – 32,49
32,50 – 34,99
Obeso tipo II 35,00 – 39,99 35,00 – 37,49
37,50 – 39,99
Obeso tipo III ≥40,00
Estos valores son independientes de la edad y son para ambos sexos.
Tabla 4: Grupos de alimentos  y nutrientes
Grupo de alimentos Nutrientes principales Funciones
Leches, yogures y  quesos Calcio

Proteínas

Vitamina A

Formación y salud de huesos y dientes.

Crecimiento y formación de tejidos.

Resistencia a las infecciones. Visión nocturna.

Carnes de todo tipo y huevos Proteínas

Hierro

Vitamina B

Zinc

Crecimiento y formación de tejidos.

Formación de los glóbulos rojos.

Crecimiento.

Resistencia a infecciones.

Verduras y frutas Vitaminas A y C

Hierro y otros minerales

Fibra

Resistencia a las infecciones. Visión nocturna.

Formación de los glóbulos rojos.

Mejora la función intestinal.

Cereales, legumbres y pan Hidratos de carbono

Vitamina B

Energía.

Ayuda a utilizar la energía.

Grasas y aceites Ácidos grasos esenciales

Vitamina A y E

Vitamina D

Energía.

Estructura de las membranas celulares.

Resistencia a las infecciones. Salud de la piel.

Formación de huesos.

Azúcar y dulces Hidratos de carbono Energía.


Bibliografía

[1] Powers CM, Lake JK, Cole TJ. Measurement and long term health risks of childhood and adolescent fatness. Int J Obes Relat Metab Disord. 1997;21:507-526.

[2] Wabitsch M. Overweight and obesity in European children: definition and diagnostic procedures, risk factors and consequences for later health outcome. Eur J Pediatr. 2000;159(Supl 1): S8-S13.

[3] Maffeis C. Aetilogy of overweight and obesity in children and adolescents. Eur J Pediatr. 2000;159(Supl 1):S35-S44.

[4] Phillips RG, Hill AJ. Fat, plain but not friendless: self esteem and peer acceptance of obese pre-adolescent girls. Int J Obes Relat Metab Disord. 1998;22:287-293

[5] Aranceta Bartrina J, Serra Majem Ll, Ribas Barba L, Pérez Rodrigo C. Factores determinantes de la obesidad en la poblacion infantil y juvenil española. En: Serra Majem Ll, Aranceta Bartrina J, eds. Obesidad infantil y juvenil. Estudio en- Kid. Barcelona: Editorial Masson; 2001. p. 109-128.

[6] Comité de Expertos de la OMS sobre el estado físico: El estado físico: uso e interpretación de la antropometría. Serie de informes técnicos, 854. Ginebra (Suiza): Organización Mundial de la Salud, 1995.

Comité de Expertos de la OMS sobre la obesidad: Obesity: preventing and managing the global epidemic. Report of a WHO consultation on obesity. WHO technical report series, 894. Ginebra (Suiza): Organización Mundial de la Salud, 2000.

Organización Mundial de la Salud: Appropriate body-mass index for Asian populations and its implications for policy and intervention strategies. Ginebra (Suiza): Organización Mundial de la Salud, 2004.

[7] R. Bravo Tabares, I. Ferriz Vidal

[8] Zayas Torriente G., Chiong Molina D., Diaz Y., Torriente Fernandez A., Herrera Arguelles X. Obesidad en la infancia: diagnóstico y tratamiento. Rev Cubana Pediatr [en línea] 2002 [fecha de acceso 23 de octubre de 2009]; 74 (3): 233-9.

0 votes, average: 0.00 out of 50 votes, average: 0.00 out of 50 votes, average: 0.00 out of 50 votes, average: 0.00 out of 50 votes, average: 0.00 out of 5 (0 votos, promedio: 0.00 de 5) Loading ... Loading ...
Para votar debes registrarte en “Para padres y madres”. ¡Regístrate!

Comparte este contenido:
  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • LinkedIn
  • Digg
  • Print
  • del.icio.us
  • email

Tags:

Sobre Gema González Menacho