Fiebre

Qué es

Qué es

La fiebre es un aumento temporal en la temperatura del cuerpo que aparece como respuesta a alguna enfermedad.

Sin embargo, los aumentos de temperatura no siempre indican la existencia de una enfermedad. Hay que tener en cuenta que existen pequeñas variaciones de la temperatura normal del cuerpo a lo largo del día y entre unas personas y otras.

En términos generales, hablamos de [1]:

  • Temperatura normal una temperatura menor de 37,5 ºC
  • Febrícula (“destemplanza”) si la temperatura medida en la axila se encuentra entre 37,5 y 37,9 ºC.
  • Fiebre si la temperatura axilar supera los 38 ºC.

La fiebre representa una respuesta normal del cuerpo frente a muy diversas situaciones. La inmensa mayoría de ellas en el niño son infecciones, bien de causa bacteriana o vírica [1]. Por ello, debe entenderse como una respuesta del cuerpo para activar las defensas del organismo y que éstas luchen contra la infección. La fiebre es un síntoma, no una enfermedad. No es la fiebre la que causa el daño, sino la enfermedad por la que se tiene fiebre [2].

Incidencia en los niños

En países como Estados Unidos la fiebre en niños entre 2 y 36 meses origina entre un 10 y un 20% de las consultas pediátricas a los servicios de salud.

Causas

Causas

Las infecciones son la causa más frecuente de fiebre.
Casi cualquier infección puede causar fiebre. Estas infecciones suelen ser [3] infecciones respiratorias víricas o bacterianas (gripe o resfriados, dolores de garganta, infecciones del oído, sinusitis…) o gastroenteritis virales o bacterianas, entre otras. En otras ocasiones, la causa de la fiebre no es una enfermedad.

Así, en los recién nacidos, el exceso de abrigo puede elevar la temperatura sin que ello signifique infección o incluso, el inicio de la dentición que puede causar un ligero aumento en la temperatura de un niño, aunque no suele superar los 37.7° C.

Además, los niños pueden tener febrícula durante uno o dos días después de la administración de algunas vacunas. Incluso algunos medicamentos como algunos antibióticos o antihistamínicos también pueden producir fiebre. No obstante, pueden existir otras enfermedades más raras que se manifiesten mediante la aparición de fiebre.

Síntomas

Síntomas

Hay algunos signos que pueden ayudarnos a detectar la fiebre además de la sensación de temperatura elevada al tocar al niño, como son:

  • El enrojecimiento de las mejillas.
  • Cierto brillo en los ojos.
  • Inactividad inusual.
  • Sensación de frío y escalofríos.
  • Aumento de la frecuencia cardiaca en reposo.
  • Aumento de la frecuencia de la respiración.
  • Incluso el exagerado descenso de los testículos dentro del escroto, en los varones [1].

Pero no siempre que se sospeche que un niño tenga fiebre, realmente la tendrá. Cuando existan dudas sobre si el niño tiene fiebre y haya que asegurarse de su temperatura real, lo primero que se debe hacer es comprobarlo con un termómetro. (Ver los tipos de termómetros y técnica de toma de temperatura).

Entonces, ¿cuándo se debe consultar al pediatra?

Es importante señalar que las recomendaciones que se muestran a continuación son una generalización y por lo tanto no pueden sustituir a la valoración individual de cada caso. No obstante ante un niño con fiebre se aconseja la consulta a su pediatra si [1];[2]:

  • El niño es menor de 3 meses o tiene una temperatura superior a 40ºC.
  • Lleva 3 días o más con fiebre. Aunque no es por sí mismo un signo de alarma, deberá consultar obligatoriamente, aunque sin prisas, salvo que su pediatra le haya dado otras instrucciones.
  • Padece de alguna enfermedad crónica grave.
  • Presenta síntomas de alarma de los que se describen a continuación.

Síntomas de alarma:

- Rigidez de nuca franca: sólo puede explorarse en el niño de más de 1 ó 2 años y que colabora. Se dice que hay rigidez de nuca si el niño es incapaz de sujetar una hoja de papel con el mentón (cerrando la boca) sobre el pecho. No obstante, la fiebre elevada puede producir rigidez de nuca siendo necesario bajarla para comprobar que persiste.

- Convulsiones.

Petequias

Petequias

- El niño tiene mal aspecto general o dificultad para respirar.

- Aparecen petequias. Son manchas en la piel puntiformes de color rojo que no desaparecen al presionarlas. Aunque las causas más frecuentes de la aparición de petequias son banales y de poca importancia (vómitos y tos repetida, infecciones víricas), hay que consultar sin demora si son varias (rodearlas con un bolígrafo para cerciorarse que son de aparición progresiva) y, sobre todo, si además existe decaimiento y progresan rápidamente.

- Decaimiento importante. Cabe decir que la fiebre, por muy escasa que sea, puede producir decaimiento en el niño, por lo que sólo se deberá alertar si el decaimiento es importante y persiste, pese a lograrse bajar la temperatura por debajo de los 37,5º C.

Diagnóstico

Cómo se diagnostica

Actualmente, existen distintos tipos de termómetros disponibles en las farmacias:

Termómetro de vidrioEl primero en utilizarse fue el termómetro de vidrio que contiene mercurio para medir la temperatura corporal. Antes de colocar este instrumento es necesario tomar el extremo opuesto al bulbo metálico y sacudir el termómetro hacia abajo hasta leer 35° C o menos. Para leerlo, se toma el extremo opuesto al bulbo metálico, de forma que los números queden frente a usted. Se gira entonces el termómetro entre los dedos hacia atrás y hacia delante hasta que se vea un reflejo rojo o plateado en la columna. El grado marcado en las líneas sobre el termómetro con el extremo de la columna de mercurio indica la temperatura corporal. A pesar de su uso extendido y ser una forma fiable de medición de la fiebre, la normativa europea ha prohibido la venta de estos termómetros dado el peligro que puede entrañar el vidrio al romperse y la toxicidad del mercurio liberado. Existe una variante conteniendo gadolinio no tóxico pero son difíciles de encontrar en las farmacias.

Termómetro electrónicoDe más reciente aparición son los termómetros electrónicos. Se utilizan y recomiendan cada vez con más frecuencia. Existen dos modelos: de contacto o por luz infrarroja. La temperatura aparece en un lector digital que avisa mediante un sonido cuando la ha detectado y son fáciles del leer. Tan sólo hay que seguir las instrucciones que vienen con el termómetro. Los termómetros de sonda electrónicos se pueden colocar en la boca, el recto o la axila. Los termómetros electrónicos para uso en el oído son rápidos ya que sus resultados se dan en pocos segundos, pero sus resultados pueden variar de los tomados con mercurio con lo cual es conveniente probarlos varias veces con el niño o el adulto sano. Además pueden presentarse importantes diferencias entre modelos.

Termómetro de tira plásticaMenos usados son los termómetros de tira plástica que cambian de color para indicar la temperatura, siendo un instrumento menos preciso. Se coloca la cinta o tira plástica en la frente y se lee después de un minuto, mientras permanece puesta allí. También existen estos termómetros para tomar la temperatura en la boca.

Aunque el termómetro más aconsejado es el digital [1], lo más importante no es usar un tipo u otro de termómetro, sino saber cómo manejarlo.

Es importante saber que antes de usar un termómetro siempre es necesario limpiarlo. Para ello, se puede usar agua jabonosa y fresca o alcohol antiséptico.

La temperatura se puede medir en diferentes partes del cuerpo. Según la zona elegida, variará el tiempo necesario de espera para poder leer el termómetro. Las zonas del cuerpo adecuadas para tomar la temperatura por contacto son:

  • Bajo el brazo (temperatura axilar): se coloca el bulbo metálico del termómetro en la axila con el brazo presionado contra el cuerpo durante 5 minutos antes de leerlo. En nuestro medio (España y Países latinos), es la parte del cuerpo más usada para tomar la temperatura [1].
  • En la boca (temperatura oral): el bulbo de metal del termómetro se coloca bajo la lengua y se mantiene cerrada la boca del niño. Es necesario que respire a través de la nariz y utilice los labios para mantener el termómetro bien fijo en su lugar. El termómetro se puede retirar de la boca a los 3 minutos o hasta que se escuche la señal electrónica del dispositivo.
  • Entre las nalgas (temperatura rectal): este método es recomendable para bebés y niños pequeños que no son capaces de sostener el termómetro en la boca con seguridad. Esta zona del cuerpo requiere la lubricación del bulbo del termómetro con vaselina y colocar al niño boca abajo en una superficie plana o sobre las piernas. Tras separar los glúteos, se inserta en el canal anal el extremo del bulbo del termómetro a un poco más de 1 o 2 cm, teniendo cuidado de no introducirlo demasiado. Es importante que el niño no se mueva, para evitar empujar accidentalmente el termómetro más adentro. El termómetro se retira después de 3 minutos o cuando se escuche la señal electrónica del dispositivo. Es importante saber que la temperatura rectal suele estar 0,5 ºC por encima de la axilar [1].

Siempre que cambiemos de modelo de termómetro es importante probarlos varias veces con el niño o el adulto sano para tener una referencia de temperatura. Pueden presentarse importantes diferencias entre modelos.

Tratamiento

Tratamientos

Lo primero es permitir que el cuerpo pierda el calor sobrante desabrigando al niño y dejándolo vestido sólo con una camiseta. No se debe abrigar a alguien que tenga escalofríos.

Otra opción es el baño con agua templada (unos dos grados por debajo de la temperatura que tenga el niño [4] sin dejar enfriarla porque, además de resultar desagradable para el niño, podría producirle temblor, recuperando de nuevo el calor perdido. Esta medida es especialmente eficaz después de suministrar medicamento; ya que, de lo contrario, al pasar el efecto del fármaco, la temperatura podría volver a subir en seguida. Lo ideal es que el niño permanezca tranquilo unos 15-20 minutos “en remojo” y, como es lógico, vigilado por una persona mayor.

No son recomendables las tradicionales compresas ni fricciones con alcohol por el descenso brusco de la temperatura que producen.

Se deberá prestar atención a cualquier cambio en la evolución del niño en los casos en los que la fiebre lleve pocas horas de evolución (primeras 12-24 horas). Durante este tiempo hay que asegurarse de que no aparece ninguno de los síntomas de alarma anteriormente mencionados. La necesidad de tranquilizarse ante esta situación y no pretender que se haga un diagnóstico precoz y exacto del origen de la misma es primordial, ya que no siempre es posible. Hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de las veces, la infección causante de la fiebre carece de trascendencia [1].

Si la temperatura es elevada o el niño está incómodo, se puede administrar algún medicamento para bajarla (antitérmicos) habiendo consultado previamente con el pediatra la dosis correcta en función del peso del niño. Los más empleados son el paracetamol y el ibuprofeno. Inicialmente lo ideal es manejarse con un solo antitérmico que tenga escasos efectos secundarios como el paracetamol y relegar el uso del ibuprofeno a casos más rebeldes. Se suelen usar preferiblemente en gotas o en jarabe si el niño es pequeño y siguiendo las normas que se aconsejan en el prospecto.

Los medicamentos antitérmicos sólo bajan la temperatura corporal cuando ésta se encuentra elevada y como promedio la disminuyen alrededor de un grado al cabo de una hora de su administración.

No es conveniente usar rutinariamente dos antitérmicos de forma simultánea o alternativa.

Si el niño está contento, juega y no parece afectado, serán innecesarios los medicamentos antitérmicos aunque tenga fiebre, ya que tratándola no conseguiremos curar nada, tan sólo que el niño se encuentre menos molesto. Es importante recordar que la meta es bajar la fiebre, no eliminarla [3].

Recientemente se ha desaconsejado el uso de ácido acetilsalicílico para el tratamiento de la fiebre en niños pequeños, por su asociación con una rara pero grave complicación, que ocurre en raras ocasiones especialmente en enfermedades como la varicela y la gripe [2].

Asimismo, ante un niño con fiebre es muy recomendable que beba líquidos con frecuencia, para recuperar las pérdidas hídricas por el exceso de temperatura y prevenir así la deshidratación. A los niños más pequeños no se aconseja administrar demasiada fruta ni zumos de manzana y se deben evitar las bebidas para deportistas.

Perspectivas

Perspectivas a largo plazo

Mantener la calma ante la fiebre:

a) La mayor parte de las infecciones febriles tienen un origen vírico que suele ser poco trascendente.

b) La fiebre es considerada como un mecanismo de defensa que puede llegar a ser beneficioso.

c) Por desgracia, las infecciones causantes de fiebre pueden no dar síntomas al principio y la exploración física inicial realizada por un médico puede ser rigurosamente normal (fiebre sin foco). Además, es frecuente que una infección febril permanezca sin dar síntomas (fiebre sin foco) durante toda su evolución y luego desaparezca sin haber dejado rastro de su origen.

d) No suele haber, salvo temperaturas elevadas en niños pequeños, relación exacta entre el grado de fiebre y la gravedad de la infección. Es decir, un simple catarro puede dar fiebre elevada, mientras que una meningitis puede manifestarse con temperaturas inferiores a 39 ºC.

Saber +

Saber más

Ideas erróneas sobre la fiebre [5]:

  • La fiebre alta produce meningitis o daña el cerebro. No es cierto. Esta creencia tan extendida probablemente tiene su origen en el hecho de que es frecuente que las meningitis (inflamación de las envolturas del cerebro) cursen con mucha fiebre. Lo que la fiebre alta puede causar a algunos niños son las llamadas convulsiones febriles, que si son simples no son peligrosas.
  • Las infecciones que producen fiebre hay que tratarlas con antibióticos. No es cierto. La mayoría de las infecciones que producen fiebre son causadas por virus, para los cuales los tratamientos antibióticos no son eficaces.
  • La respuesta a antitérmicos es buen indicador del origen vírico o bacteriano. No es cierto. La única forma de conocer el origen vírico o bacteriano de un niño con fiebre es mediante análisis y cultivos sanguíneos.


Bibliografía

[1] G. El Portal Médico para Padres de la Asociación Española de Pediatría. Asociación Española de Pediatría 2008. Available URL: http://www.aeped.es/infofamilia
[2] Web de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. Fiebre. 1-10-2001.
[3] Medline plus. Fiebre. Medline plus 2010. http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/003090.htm
[4] Web de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. Antitérmicos. Mayo 2003. Asociación Española de Pediatría 2003 May 1.
[5] Ruiz Domínguez A, Montero Reguera R, Hernández González N. Manual de diagnóstico y terpéutica en pediatria. 2003.
[6] Picazo JJ, Delgado A. Las vacunas de los niños: Guía para padres. 2010.
[7] Kohl KS, Marcy SM, Blum M, Connell JM, Dagan R, Hansen J, et al. Fever after immunization: current concepts and improved future scientific understanding. Clin Infect Dis 2004 Aug 1;39(3):389-94.

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Sobre Esther Martín, médico. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria