Cómo influye el sol en la salud infantil

Sun and children. Foto: Randa Nichole (via Flickr)

Foto: Randa Nichole (via Flickr)

El verano ya está aquí y con él llegan muchos cambios, en las rutinas, horarios, actividades al aire libre…

El Sol, un astro lleno de belleza, energía y adorado a lo largo de toda la Historia, ¿qué esconde? ¿Cómo influye en la salud de nuestros hijos? ¿El sol es salud? ¿Es necesario para nuestros recién nacidos? ¿Cuanto “sol” es sano?

Cuando nacen, nuestros hijos llevan un carnet por puntos biológicos como el que tenemos de conducir. Conforme los exponemos al sol van perdiendo esos puntos. Con la edad, como en el de conducir, si no tienen infracciones importantes, ganan puntos. Pero, ¿dónde pierden esos puntos? Jugando al sol, en la piscina, en la playa, en el patio del colegio, cogiendo ese bronceado que los pone tan guapos y con aspecto tan saludable según los cánones de belleza actuales.

El Sol es una fuente de energía, una lámpara que emite luz de todos los “colores” (frecuencias), incluidos “colores” que nuestros ojos no son capaces de ver. Entre los “colores” con más energía están los llamados Ultravioletas (UV). El color invisible del Ultravioleta no es el que más calor da y su cantidad puede ser importante en días frescos o algo nublados, pero su color tiene la suficiente energía para producir alteraciones químicas en nuestro cuerpo. Una de ellas es la oxidación de una sustancia de la piel denominada melanina que se oscurece dándonos ese color de piel tan deseado en verano. Pero otra de las alteraciones que produce son cambios en la bioquímica de nuestras células, restándonos esos “puntos biológicos” de los que hablábamos antes, que nos predisponen o incluso provocan graves enfermedades una vez agotados.

¿Qué ocurre cuando se pierden esos puntos? Bueno, es una analogía, y no es matemática, depende de muchos factores, pero sí podemos tener la seguridad que habremos incrementado trágicamente el riesgo de contraer cáncer.

Hace tiempo que la comunidad científica lo tiene claro. Salvo casos muy concretos, de los que hablaremos, la radiación ultravioleta, o lo que es lo mismo, la exposición al sol, es sinónimo de alto riesgo de cáncer de piel y de otros como el de labio.

Podemos hacer paralelismos con el tabaco, que se consume en la vida adulta bajo nuestro derecho individual, y exponemos a nuestros hijos al humo. O quizás hacemos lo saludable y no fumamos, y no dejamos que nuestros hijos se expongan a temprana edad al humo, evitándole el alto riesgo que conlleva.

Con el sol nos volvemos más permisivos, quizás porque asociamos las actividades al aire libre como saludables, la absorción de vitamina D como necesaria y enriquecedora, y estéticamente el bronceado es un valor añadido. De la mano de esta forma de hacer las cosas viene la radiación ultravioleta (UV), que a lo largo de años de estudios ha demostrado aumentar el riesgo de muchas patologías, fundamentalmente cutáneas y, sobre todo, por su importancia, del cáncer de piel. La relación es aún más intensa cuanto más pequeño es el niño que se expone.

Al igual que prohibimos el tabaco en menores de edad, debemos considerar un drástico control de la exposición a la radiación UV de los menores, y una base educacional y de control en los adolescentes.

Tipos de radiación UV:

Sun. Foto: Xavi Talleda (via Flickr).

Foto: Xavi Talleda (via Flickr)

Las radiaciones UV provocan efectos nocivos, por su poder fotoquímico, variables según la longitud de onda, la intensidad y el tiempo de exposición. Hay tres tipos básicos (clasificados por su energía):

· UVA, que afecta básicamente a la dermis, alterando su vascularización y el tejido colágeno, inducen reacciones de fotosensibilidad y deshidratación, dejando una piel poco elástica y seca, de aspecto envejecido.

· UVB con acciones melanogénicas y eritematogénicas. Su poder de prenetración les permite alterar el ADN celular, por lo que son los principales carcinogénicos. Su incidencia aumenta a raíz del la disminución de la capa de ozono

· UVC, tienen poder germicida y eritematogénico, provocan descamación, que elimina las capas protectoras ya melanizadas, y además son carcinogénicos. Éstas no llegan a penetrar en la atmósfera.

Lesiones básicas por radiación UV:

· Eritema solar: su forma leve es el enrojecimiento de la piel. Se inicia a las 2-6 horas tras la exposición, su intensidad es maxima a las 12-24 horas y desaparece a los 4-7 días con la descamación. La radiación UV no produce calor por lo que se pueden producir quemaduras graves aún sin excesivo calor ambiental. Fundamentalmente son los UVB los que producen las quemaduras.

· Envejecimiento cutáneo prematuro: La exposición frecuente durante años causa un importante daño acumulativo que se traduce en un envejecimiento prematuro de la piel. La radiación UVA causa menos daños agudos, pero al penetrar más en la piel los daños moleculares al ADN son más intensos. Efectivamente, ese bonito moreno de cada temporada provoca arrugas y que nuestra piel gane en años.

· Cáncer de piel: es una de las enfermedades más frecuentes a nivel mundial, suponiendo hasta el 10% de todos los cánceres. Hay varios tipos: el carcinoma basocelular, el espinocelular y en melanoma cutáneo maligno.

· Lesiones oculares, queratitis y queratoconjuntivitis, e influye en el desarrollo de cataratas y melanoma ocular. El uso de gafas de Sol debidamente homologadas se hace imprescindible hasta para bebés que estén expuestos al Sol por ridículo que esta práctica pueda parecer.

· También se sabe que altera la barrera inmunitaria de la piel, disminuyendo su eficacia por modificar la actividad y la distribución de las células encargadas. Es por ello por lo que se producen por ejemplo más reactivaciones del herpes labial.

Factores de los que depende el riesgo:

El riesgo se asocia tanto a la duración de la exposición como a la intensidad con la que se reciben la radiación.

El nivel de radiación varía según la localización geográfica y la época del año, además de factores atmosféricos, la hora y factores más locales como la reflexión (la arena en la playa refleja hasta un 20% de la radiación, la nieve el 80%). En la web de la Agencia Española de Meteorología (www.aemet.es) disponemos de información a diario y por zonas geográficas del Índice de Radiación UV (IUV), que es un indicador consensuado mundialmente de la intensidad, señalando la capacidad de producir lesiones en la piel.

Los peores horarios y zonas geográficas para exponerse son aquellos donde el Sol entra más perpendicular a la superficie de la Tierra. En España el peor horario es de 12:00 a 16:00, y cuanto más al sur más radiación. En general debemos tener en cuanta que el peor horario es cuando nuestra “sombra” es más pequeña pues tendremos el Sol sobre nuestras cabezas y la cantidad de radiación ultravioleta es mayor y más perjudicial.

Piel blanca con pecas. Foto: fotologic (via Flickr)

Foto: fotologic (via Flickr)

Otro factor que influye en la posibilidad del desarrollo de patologías es el fototipo de piel. Hay pieles más resistentes que otras, eso lo sabemos todos. La diferencia está en la capacidad de activar la melanina preexistente, generando respuestas distintas a la exposición solar. Es importante identificar en qué fototipo nos encontramos y se encuentran nuestros hijos para adecuar la protección. Están establecidos seis fototipos:

· Fototipo I, de piel muy blanca con pecas, habitualmente pelirrojos. Siempre se queman fácilmente, pudiendo ser muy intensa, y nunca se broncea.

· Fototipo II, de piel blanca, habitualmente ojos claros, que se quema fácilmente, también puede ser intensa y puede llegar a broncearse mínimamente.

· Fototipo III, piel blanca, con mínima tonalidad marrón. Engloba a los caucásicos. Puede quemarse, incluso de forma moderada y puede llegar a broncearse gradualmente.

· Fototipo IV: Tono marrón más o menos intenso, es un fototipo más mediterráneo, con posibilidad de alguna quemadura, y siempre se broncea.

· Fototipo V, de piel bastante oscura, que raramente se quema y se broncea con intensidad.

· Fototipo VI, piel negra de tonalidad intensa, que nunca se quema.

Además de esto, hay que saber que la edad en la que nos exponemos más al sol nos condiciona el desarrollo de lesiones. La piel de nuestros hijos aún es inmadura. El número de horas de sol acumuladas en la piel de los niños y adolescentes, y la intensidad y frecuencia de las quemaduras se relaciona con la probabilidad del desarrollo de cáncer de piel.

Beneficios de la radiación solar

No todo es malo en la radiación UV. Existen indicaciones médicas beneficiosas de la radiación ultravioleta, pero se usan en determinadas situaciones clínicas y bajo estricto control médico. Se utilizan para tratar patologías como el vitíligo o la psoriasis.

También para la corrección de la ictericia en el recién nacido. Además, por todos es sabido que las dosis bajas de radiacion UV son esenciales para el desarrollo y fortalecimiento del sistema osteomuscular, ya que es precisa para la activación de la vitamina D.

Medidas de Protección

La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos da unas recomendaciones generales para la protección de la radiación solar y la prevención de las patologias asociadas. Si bien hay que añadir que la prevención de los problemas por el exceso de calor en la época estival son también importantes. Por supuesto, se deben extremar los cuidados en el caso de nuestros hijos.

· Evitar la exposición en las horas centrales del día, en España incluso desde las 11 a las 18 horas.

· Acostumbrarnos a buscar la sombra.

· Después del baño, secarse bien la piel, ya que el agua amplifica la intensidad de la radiación sobre la piel.

· Usar prendas protectoras en la cabeza, mejor si protege la radiación de la cara y el cuello.

· Usar gafas de sol, mejor si son cerradas que no permitan la entrada de luz sin filtro por los lados y que nos asegure completa protección contra las radiaciones ultravioleta A y B.

Foto: Medicina21

Foto: Medicina21

· En las zonas de la piel que no estén cubiertas por la ropa, usar cremas con alto filtro solar de amplio espectro. Factor de protección Solar (FPS) mínimo del 15, dependiendo del fototipo y edad. A edades menores y fototipo claro (I o II) el FPS debe de ser de al menos 30. Se debe reponer cada 2 horas y tras cada baño secando bien la piel.

· Evitar las Cabinas de Ultravioletas: la OMS nos dice que el uso de estos aparatos antes de los 35 años de edad se acompaña de un aumento de 75% del riesgo de melanoma maligno. Las cabinas y las lámparas bronceadoras no deberían usarse a menos que sea bajo supervisión médica. Está prohibido su uso en los menores de 18 años. Desgraciadamente en España la crisis ha frenado mucho la puesta en marcha operativa del Real Decreto 1002/2002.

· Proteger a los bebés y los niños pequeños: siempre se debe mantener a los niños a la sombra.

· Un ambiente fresco, mucho mejor:

- Para jugar, dormir o convivir, lo ideal es la habitación más fresca de la casa. Evitar habitaciones con techos de caracteristicas materiales amplificadoras del calor (plásticos, cristal…).

- Si utilizas el aire acondicionado, la temperatura debe bastar para evitar el calor, no para que haga frío.

- Cuidado con los cambios bruscos de temperatura, los bebés y las niñas y niños pequeños tienen menos capacidad de adaptación a dichos cambios.

- Duchar o bañar al bebé o a los niños varias veces al día, si es necesario. Las toallas húmedas también ayudan a refrescar la piel.

- Evita el exceso de abrigo y los lugares cerrados y expuestos al sol sin climatización como automóviles, casetas o tiendas de campaña.

- Si el coche está aparcado al sol, antes de meter al niño, recuerda abrir puertas y ventanas y esperar a que baje la temperatura interior del vehículo.

· Qué dar de beber y de comer a los niños.

- Hasta los 12 meses, es suficiente beber cerca de 1 litro de agua al día, presente en la leche materna, en zumos, frutas y verduras.

· Si tu bebé tiene menos de 6 meses y se alimenta de leche materna no necesita agua. En caso de elevado calor ambiental o pérdida de líquidos por diarrea o vómitos, con aumentar las tomas es suficiente. Eso sí, la madre debe tener una buena hidratación, mediante la ingesta de frutas, verduras y líquidos -sobre todo agua- en cantidad superior a 2 o 3 litros al día.

· Si tu bebé se alimenta exclusivamente con leche preparada en biberón, recuerda no alterar la relación entre el agua y cacitos de polvo, según aconseje el fabricante. En este caso puedes darle agua (hervida o envasada) entre las tomas de leche. Cuando hace calor, los biberones deben prepararse justo antes de su consumo.

- A partir del año, aumenta la ingesta de líquidos, preferentemente agua, hasta casi 3 litros, y zumos naturales.

- Incrementa el consumo de frutas y verduras y evita las comidas copiosas y ricas en grasas así como las bebidas muy azucaradas.

- Aumenta moderada y transitoriamente el aporte de sal.

Síntomas y tratamientos de la sobreexposición al sol

  • Deshidratación.

Fuente para beber. Foto: Jeffery Turner (vía Flickr)

Foto: Jeffery Turner (vía Flickr)

Es uno de los síntomas más frecuentes y menospreciado en niños y adultos. La exposición durante horas al sol no sólo se atenúa con cremas solares. Especialmente si estamos desarrollando una actividad física, la pérdida de líquido puede ser muy importante, y únicamente con el baño no permite la recuperación. Es muy importante cuidar la ingesta de líquidos muy por encima de lo habitual y de lo que nuestra sed nos demande, pues ésta puede ser un indicador poco fiable. Si la deshidratación es elevada puede acompañarse de suero oral o bebidas isotónicas. Si es extrema y va acompañada de otros síntomas, puede requerir asistencia médica.

  • Insolación / golpe de calor.

También muy frecuente entre los menores y a veces difícil de detectar. Va acompañada y multiplicada por la deshidratación. Se pone de manifiesto desde minutos hasta horas después de la exposición al sol. Entre los síntomas están alteraciones de comportamiento y sueño entre los más pequeños, náuseas, mareos, dolor de cabeza y bajada de tensión. Si lo dividimos en estadios: Calambres o tirones (por actividad al sol y bajada de electrolitos), insolación, colapso y finalmente golpe de calor que conlleva hasta un fallo multiorgánico.

Los niños son más susceptibles al exceso de calor ambiental porque tienen menos peso, producen menos sudor que los adultos, por lo que su temperatura corporal sube más deprisa y se adaptan peor a las altas temperaturas.

La mejor herramienta es la prevención, en caso de que ocurra, combatiendo la deshidratación con la ingesta de agua y se puede tomar algún termoregulador (paracetamol por ejemplo). Consulte con su farmacéutico en casos leves y solicite ayuda médica en casos extremos.

  • Quemaduras solares.

Muchas rutinas familiares del verano, aunque parezca mentira, comienzan por la primera quemadura de julio y la retirada de las capa de la piel muerta. El eritema o enrojecimiento puede no apreciarse hasta pasado un tiempo de la exposición (de 2 a 6 horas). Especialmente cuando nos bañamos perdemos las referencias de la cantidad de sol, que se ve reflejada por el agua, además de perder la posible protección solar que llevemos. El tratamiento es similar al de cualquier quemadura. Consulte con su farmacéutico (existen productos que calman la irritación) o asistencia médica en casos extremos. Es imprecindible no exponerse en las horas extremas, y en general a la sombra, y volver a extender crema solar de factores elevados (depende de fototipo y edad) después de cada baño o cada dos horas.

Conclusiones

Después de todo esto, pensamos probablemente que mimamos a nuestros hijos en este sentido, pero estudios que ha realizado estos últimos años en nuestro país la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), nos dice que estadísticamente a medida que crecen nuestros hijos vamos abandonando esta supervisión. Se usa menos protección solar, sólo lo hacemos cuando el sol más calienta y con factor de protección menor. Y además se van abandonando el uso de otras medidas más eficaces de protección, como la ropa, gafas y resguardarlos a la sombra.

Niño en la playa. Foto: Chris P. (via Flickr)

Foto: Chris P. (via Flickr)

En nuestro país, la mayor exposición solar es en verano, en vacaciones, y el destino más frecuente es la playa, y dado que en esa época sí percibimos un mayor riesgo, usamos más medidas de protección. Pero las medidas hay que extenderlas no sólo durante las vacaciones, sino también a todas las actividades que hacemos con nuestros hijos al aire libre, sean cotidianas en verano o vacacionales y hay que tener en cuenta que siguen siendo muy sensibles a la radiación y al calor, a pesar de que crezcan tan rápido.

Es esencial proteger cada punto del carnet de la piel de nuestros hijos.

Poner en marcha los consejos explicados en los más pequeños, estimular y vigilar a los niños mayores, y supervisar a los adolescentes para que tomen las precauciones sencillas descritas anteriormente, evitará lesiones a corto y a largo plazo sin impedir que disfruten el tiempo que pasan al aire libre. Es nuestra responsabilidad evitarles una exposición inadecuada.

Bibliografía

http://www.consumer.es/web/es/salud/problemas_de_salud/2005/07/27/144017.php
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000056.htm
http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs305/es/
http://www.sas.junta-andalucia.es/principal/documentosAcc.asp?pagina=gr_calor
http://www.cdc.gov/spanish/cancer/skin/basic_info/prevention.htm
https://www.aecc.es/Investigacion/observatoriodelcancer/Documents/Comportamientos_proteccion_solar_percepcion_riesgo.pdf
http://www.aemet.es/es/eltiempo/observacion/radiacion/ultravioleta

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Sobre Sandra González, médico. Especialista en Medicina Familiar